Las mellizas que fueron separadas a los 2 años y se reencontraron dos décadas después: su vida a los 69, entre España y Argentina

Hace 69 años las mellizas Delfina e Isolina llegaban al mundo en Galicia, España. Hasta allí, no parece ser más que otra historia de familias múltiples alrededor del mundo. Sin embargo, la suya está plagada de particularidades.

A los 2 años, la madre de las mellizas murió y ese hogar se fracturó por completo, ya que no existía presencia alguna del padre de las niñas. El contexto no generation nada alentador: Delfina estaba enferma, aún sin un diagnóstico, y la aldea donde vivían no contaba con un sistema de salud donde pudieran tratarla.

“Al enterarse de esto, una tía que tenían en Buenos Aires mandó una carta diciéndoles que enviaran con ellos a la hermana que estuviera en peores condiciones, a ver si podían ayudarla, con los tratamientos que tenían a disposición”. Quien reconstruye la historia y dialoga con Clarín es Mariazel Molinaro, hija de Delfina y co-autora (junto con su tío) del libro Delfina e Isolina, ejemplo de resiliencia.

Fue así como con sólo 2 años, una de las mellizas se radicó en Argentina y la otra quedó en España. Tuvieron que pasar dos décadas para que volvieran a verse.

Una en Argentina y, la otra, en España

Delfina viajó hacia Buenos Aires durante 16 días en barco. Tenía dos años y nadie de su entorno íntimo que la acompañase. “Fue solita, con la condición de que una persona conocida de la familia que también viajaba le diera un biberón al día”, contó su hija, que durante la pandemia de coronavirus comenzó a recolectar información para armar el rompecabezas que luego se transformó en libro.

Delfina e Isolina antes de vivir a un continente de distancia. Foto gentileza. Delfina e Isolina antes de vivir a un continente de distancia. Foto gentileza.

“La historia de ellas transcurre en condiciones muy diferentes” luego de la separación, señaló Mariazel. “Mi mamá, en la gran ciudad que en ese momento generation Buenos Aires, con toda gente nueva, acostumbrándose a todo lo nuevo. Y, mi tía, quedándose en un pueblo muy humilde en Galicia, adoptada por una prima”.

A un continente de distancia y sin verse durante 20 años, algo difícil de poner en palabras se dio entre las hermanas. Según la escritora, justamente “lo interesante de esta historia es cómo dos vidas que empiezan estando juntas, se separan y hacen caminos diferentes en toda su crianza luego vuelven a juntarse de grandes y realmente no son tan distintas: el carácter de cada una es muy parecido al de la otra”.

La angustia que parece quedarse para siempre en la memoria

Las mellizas tenían dos años, una estaba enferma, su mamá había muerto recientemente y, por si fuera poco, debían separarse. “Éramos muy pequeñas, tengo pocos recuerdos y muy borrosos del momento de la separación. Me acuerdo con cierta nitidez que la noche anterior a que se marchara mi hermana nos llevaron a dormir a la casa de unos vecinos porque había problemas con una parte de la familia, que no estaba a favor de que se fuera”, rememoró Isolina.

Las mellizas Isolina y Delfina junto a su madre. Foto gentileza. Las mellizas Isolina y Delfina junto a su madre. Foto gentileza.

El otro recuerdo que tiene presente, destacó, fue el malestar que se sentía en el hogar tras el viaje de su hermana: “La angustia y los nervios que se respiraban en casa los días o semanas posteriores”, dijo, no se borraron aún tantos años después.

Delfina, por su parte, tiene en su memoria un hecho contundente: “Me pusieron en un barco donde no entendía nada. Recuerdo haber llorado todo el viaje”.

El barco en el que Isolina llegó desde España hasta Argentina. Foto gentilezaEl barco en el que Isolina llegó desde España hasta Argentina. Foto gentileza

Veinte años no es nada: del vínculo a distancia al reencuentro

No eran tiempos de Internet ni celulares. La comunicación entre Isolina y Delfina fue durante muchos años a través de cartas (y ni siquiera esa parte fue sencilla).

“Las mellizas siempre tuvieron contacto porque las madres adoptivas lo mantuvieron por carta. Esperanza -que fue quien se quedó con Isolina- no sabía escribir, entonces al principio hacía que se mandaran dibujos o algunas fotos. Después, cuando aprendieron a escribir, ya fueron ellas mismas las que escribían sus cartas”, contó Mariazel Molinaro. Delfina coincidió: “Fue gracias a las tías que nos criaron, que siempre nos hablaban de la hermanita que teníamos cruzando el mar”.

Papel y lápiz fueron las herramientas que, correo mediante, acercaban a las niñas: “Nos mandábamos dibujos o nos escribíamos letritas con colores. Era una época en que no había otra cosa que la carta, entonces mandábamos una y ya estábamos deseando recibir la otra; eso a lo mejor tardaba de 15 días a un mes”, agregó Isolina.

Tras el casamiento de Delfina, la luna de miel en España fue la excusa para el reencuentro. Foto gentilezaTras el casamiento de Delfina, la luna de miel en España fue la excusa para el reencuentro. Foto gentileza

Recién alrededor de sus 20 años hablaron por teléfono por primera vez. En España aguardaban Isolina y un hermano mayor, que tenía 15 años al momento de la muerte de la madre. La tensión alrededor de esa llamada generation total.

“Siempre cuentan que todos estaban con muchos nervios, que no sabían qué iban a decir, que pasaron una noche bastante mala el día anterior. Creo que Isolina ni siquiera pudo hablar y Delfina sólo habló con el hermano mayor, Isidoro, quien junto a la melliza radicada en Europa le propuso pagarle el pasaje a España para su luna de miel”, ya que la mujer estaba a punto de casarse, reconstruyó Molinaro.

En vivo y en directo

Delfina se casó y aceptó la invitación. La luna de miel fue la excusa perfecta para el reencuentro. “Se concretó el viaje y en el primer contacto hubo abrazos y llantos. Después, todo fluyó de modo bastante fashioned, aunque al principio les costó romper el hielo. Lo que dicen es que fue un encuentro muy emotivo y que luego la relación siguió como si fuese algo natural”, sostuvo Mariazel.

“Fue algo muy bonito, difícil de describir, porque no hay palabras para eso. Yo recuerdo que desde semanas antes y, hasta el momento del encuentro, todo fue vivido con tantos nervios que parecía irreal. Cuando estaba llegando al aeropuerto para encontrarme con mi hermana, no generation ni capaz de hablar, estaba muy nerviosa. Pero en el momento en que la vi salir por la puerta de llegada todo transcurrió con total normalidad”, recordó Isolina.

Isolina y Delfina pasaron 20 años sin volver a verse. Foto gentileza. Isolina y Delfina pasaron 20 años sin volver a verse. Foto gentileza.

Para Delfina, en tanto, “el reencuentro fue algo maravilloso”. “Al fin después de 20 años separadas podíamos vernos en persona, abrazarnos y contarnos tantas cosas que nos debíamos”, enfatizó.

Desde que una se quedó en España y la otra en Argentina utilizaron todas las plataformas posibles para mantenerse unidas: cartas, llamadas telefónicas, chats, videollamadas y varios viajes –tanto hacia Europa como hacia América- para visitarse.

Hoy la relación entre nosotras es perfecta, sabemos absolutamente todo lo que nos pasa y sentimos. Nos parecemos muchísimo en el carácter, en muchas expresiones, en la forma de criar y amar a nuestros hijos y nietos y cuidar mucho a nuestra familia”, resaltó Delfina.

Isolina y Delfina junto a su familia en uno de los viajes que realizaron para visitarse. Foto gentilezaIsolina y Delfina junto a su familia en uno de los viajes que realizaron para visitarse. Foto gentileza

Su hermana añadió: “Nos hablamos casi todas las semanas por videoconferencia y así nos mantenemos al corriente de los problemas y alegrías de cada una y sus familias”. Y el vínculo entre ambas, destacó a modo de cierre, “es inmejorable”.

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