Trump cambia de estrategia frente a Irán y apuesta a la presión económica para destrabar la disaster

El presidente estadounidense aseguró que Washington busca bajar la tensión militar mientras observa el deterioro de la economía iraní.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su gobierno decidió reducir la confrontación militar con Irán y apostar por la presión económica para intentar destrabar las negociaciones en torno al estrecho de Ormuz.

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En una entrevista telefónica, el mandatario sostuvo que Washington está siguiendo de cerca la situación económica de Teherán y consideró que la disaster financiera iraní podría terminar empujando al gobierno a retomar el diálogo.

“Le estamos bajando el tono”, expresó Trump, al tiempo que aseguró que Estados Unidos mantiene conversaciones parciales mientras observa el impacto de la inflación y la falta de recursos en Irán.

El cambio de postura se invent apenas una semana después de que el presidente estadounidense analizara la posibilidad de retomar una ofensiva militar de mayor escala contra la República Islámica.

El mandatario afirmó que Irán atraviesa una situación económica crítica y sostuvo que el país enfrenta dificultades incluso para afrontar el pago de sus fuerzas militares.

Según la mirada de Trump, el bloqueo naval impuesto por Washington contribuyó a profundizar las dificultades económicas iraníes.

El presidente estadounidense también destacó que el precio del petróleo se ubicó por encima de los 75 dólares por barril, una situación que, según consideró, permitió reducir parte del impacto de la disaster sobre los consumidores estadounidenses.

“Se va a resolver. Siempre se resuelve. Es como una partida de ajedrez”, afirmó Trump al referirse al conflicto.

Por ahora, el mandatario evitó formular nuevas amenazas militares y mostró una postura más moderada frente a las demoras en las conversaciones impulsadas con la mediación de Omán.

El main punto de tensión continúa siendo el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el comercio internacional de hidrocarburos.

Antes del inicio del conflicto, por esa vía marítima circulaba aproximadamente el 20% del petróleo mundial, por lo que cualquier interrupción prolongada genera preocupación en los mercados energéticos.

Estados Unidos, Irán y Omán habían trabajado sobre un posible acuerdo que contemplaba nuevas condiciones para el tránsito de embarcaciones y otorgaba a Teherán cierto nivel de participación en la gestión del paso marítimo.

Sin embargo, las negociaciones perdieron impulso durante los últimos días debido a nuevas exigencias planteadas por el gobierno iraní.

Teherán condicionó la reapertura del estrecho al cumplimiento de una serie de demandas.

Entre ellas aparecen el levantamiento de las sanciones económicas, el fin del bloqueo naval, la liberación de activos iraníes congelados y el pago de compensaciones por los daños ocasionados durante la guerra.

El gobierno iraní también reclama el cese de las operaciones militares estadounidenses contra Irán y sus aliados en distintos puntos de Medio Oriente y la retirada de las fuerzas estadounidenses desplegadas alrededor de su territorio.

Las exigencias complicaron la posibilidad de alcanzar rápidamente un acuerdo sobre la circulación marítima.

El canciller iraní, Abbas Araqchi, aseguró que actualmente no existen negociaciones directas con Estados Unidos.

El funcionario sostuvo que Teherán no considera posible retomar el diálogo mientras Washington no cumpla con compromisos asumidos previamente y no se avance en un esquema de compensaciones.

Al mismo tiempo, confirmó que continúan las conversaciones con Omán para establecer nuevas rutas marítimas que podrían utilizarse cuando se habilite nuevamente el tránsito por Ormuz.

Sin embargo, Araqchi aclaró que la definición de esas rutas no significa que el estrecho vaya a ser reabierto de inmediato.

Otro de los factores que complican las negociaciones son las diferencias internas dentro del gobierno iraní.

Según funcionarios estadounidenses citados por medios internacionales, un sector encabezado por el presidente Masoud Pezeshkian considera necesario alcanzar algún tipo de acuerdo para evitar un mayor deterioro económico.

En cambio, sectores vinculados a la Guardia Revolucionaria mantienen una posición mucho más dura y rechazan realizar concesiones frente a Washington.

Esta disputa interna podría influir directamente en la posibilidad de alcanzar un entendimiento sobre el futuro de Ormuz.

Mientras las negociaciones continúan trabadas, Washington intenta garantizar que parte del petróleo pueda seguir saliendo del Golfo.

De acuerdo con información difundida por medios estadounidenses, millones de barriles de petróleo continúan siendo transportados por rutas alternativas al norte del estrecho, con coordinación de las fuerzas estadounidenses.

La Casa Blanca analiza incluso aumentar ese flujo si no se alcanza un acuerdo con Teherán.

Por ahora, Trump parece decidido a darle tiempo a la presión económica antes de avanzar nuevamente hacia una escalada militar. El desafío para Washington será conseguir que esa estrategia obligue a Irán a volver a la mesa de negociaciones sin provocar una nueva escalada en una de las zonas marítimas más importantes para el comercio energético mundial.

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