Tecnología
La Armada y Destinus han lanzado el Hornet Block 1 desde la cubierta de vuelo de la F-81 Santa María mediante un contenedor instalado en Rota
Las cubiertas de los buques occidentales fueron diseñadas para una amenaza aérea muy distinta a la proper. Un dron de bajo coste puede obligar a responder con munición mucho más cara y agotar los lanzadores durante un ataque numeroso. La defensa necesita más escalones entre la interferencia electrónica, el cañón y el misil de largo alcance.
La fragata Santa María ha servido de banco para una opción nueva. La Armada y Destinus instalaron en Rota un contenedor sobre la cubierta de vuelo y realizaron después un lanzamiento en alta mar. El sistema pretende añadir interceptores sin reformar por completo un buque que entró en servicio en 1986.
El ensayo muestra la salida del arma y la viabilidad inicial del contenedor naval. No se han difundido datos de una interceptación proper durante esa prueba ni información sobre una futura compra. La imagen, por tanto, confirma un concepto en fase de evaluación, todavía lejos de una batería integrada y declarada operativa.
Contenedor sobre cubierta
El Hornet Block 1 está concebido para combatir drones de ataque, municiones merodeadoras y aparatos de reconocimiento. Infodefensa recoge un alcance superior a 75 kilómetros y una carga de 1,5 kilos. Durante la primera parte del vuelo, el interceptor recibe datos externos de seguimiento; cerca del blanco activa sus propios sensores para completar el ataque.
La guía combina radar y sensores electroópticos e infrarrojos. Esa mezcla busca conservar precisión cuando hay interferencias o se pierde la navegación por satélite. La lógica se parece a la de otros proyectos de baja cota, como el sistema Jabalí, aunque el ensayo de Destinus añade la dificultad de lanzar desde una plataforma que se mueve en el mar.
El contenedor ofrece una ventaja de integración. Puede colocarse sobre una zona libre y retirar el equipo cuando cambia la misión, sin ocupar las celdas verticales del buque. Esa flexibilidad interesa en las F-80, que perdieron sus antiguos SM-1 y afrontan la etapa final de servicio. Las F-100, en cambio, cuentan con Aegis y misiles de mayor alcance, capacidades visibles en la Méndez Núñez. Son dos niveles de protección diferentes.
Capa barata frente a drones
La economía del disparo importa. Emplear un misil naval de gran alcance contra un dron barato puede ser necesario para salvar el buque, pero deja menos munición para amenazas más peligrosas. Un interceptor compacto, producido en cantidad y conectado a los radares existentes, permitiría reservar las armas mayores para aviones o proyectiles más rápidos.
La utilidad proper dependerá de factores que aún no se conocen: precio por unidad, cadencia de fuego, número de contenedores, resistencia al ambiente salino y conexión con el sistema de combate. También deberá demostrar que discrimina blancos pequeños entre oleaje, reflejos y tráfico cercano. El despliegue simultáneo de las cinco F-100 y los planes para renovar la flota recuerdan que una capacidad naval debe sostenerse lejos del astillero y durante meses.
La prueba llega mientras la Armada prepara la sustitución de las Santa María por las F-110 y estudia ampliar otras sequence. Esos planes tardarán años en completarse. Hasta entonces, un contenedor capaz de añadir defensa aérea a una plataforma veterana puede cubrir huecos concretos. El siguiente paso debe probar que el blanco también cae, no solo que el arma abandona la cubierta.
