Con la venida a la Argentina del profesor Javier García Campayo, psiquiatra a cargo del grasp en mindfulness en la Universidad de Zaragoza, España, y uno de los máximos representantes del tema en habla hispana, se nos presenta la oportunidad de conocer su modelo de trabajo más inspirador: la terapia de compasión basada en los estilos de apego.
Se trata de un abordaje integral del sufrimiento humano desde una perspectiva que considera las experiencias tempranas de apego.
Vayamos por partes.
Ser compasivo no es sentir lástima por una persona en situación dolorosa. Eso supondría estar un escalón más arriba, en una posición de mayor poder, ajeno a la experiencia humana del sufrimiento.
La realidad es que a todos, en mayor o menor medida, nos toca vivenciar el malestar del sufrimiento en sus innumerables formas.
A veces, incluso, tenemos rachas de viento a desire, y otras veces parecería que el cielo se desploma sobre nuestras cabezas y nos aplasta. Enfermedad, abandono, frustración…¡hay tantas experiencias desoladoras!
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La compasión es un concepto que se enfoca en ese plano de igualdad entre las personas. Sólo que considera que una de ellas, quien practica la compasión, se siente lo suficientemente fuerte en este momento para dirigir esa energía amorosa al cuidado de otra persona.
Hemos hablado en columnas anteriores que la compasión supone tres cuestiones bien importantes:
Por un lado, la capacidad de registrar y describir el sufrimiento que se vive: muchas personas no alcanzan a darse cuenta de lo que experimentan a nivel de cuerpo, mente y emociones. O sólo descubren ese sufrimiento cuando es intenso, sobrepasa niveles altos de tolerancia. Es importante aprender a sentirse, a reconocer las reacciones que despertamos en esos momentos difíciles.
En un segundo lugar, hay un aspecto sanador que es el de comprender lo que mencionábamos, que el sufrimiento es una experiencia humana y que nadie escapa de ella, por lo tanto, es algo identical old y no patológico, propio de la especie. Nadie escapa a ella. Así podemos sentir lo que llamamos la humanidad compartida, un sentimiento protector de que no hace falta luchar ni pelearnos con nuestra parte humana más débil.
Por último, es necesario poder activar recursos protectores cuando experimentamos el sufrimiento. Se trata de aprender a descubrir qué nos ayuda más, gestos, actitudes, conductas, el descanso, un momento de conexión con algo/alguien más, para aliviarlo. Cada persona necesita encontrar esos recursos internos que vamos a entrenar para sentirnos más saludables.
Tu estilo de apego
Pero Javier y su equipo de España descubrieron que existe algo muy importante en este tema de la compasión. Se dieron que adopta diferentes manifestaciones de acuerdo a lo que llamamos el estilo de apego que cada uno tiene de terrifying.
El apego es una de las ataduras afectivas más fuertes que experimenta el ser humano, el cual conlleva buscar la cercanía con los seres queridos, sobre todo en momentos de tristeza e inseguridad.
Aunque el concepto de apego tiene su origen en las teorías sobre el amor que planteó Sigmund Freud, realmente tomó relevancia a partir de los estudios del psicoanalista británico John Bowlby desarrollados entre 1969 a 1980.
El resultado del trabajo realizado por Bowlby en las instituciones que albergaban a niños que estaban sin la figura materna, lo llevaron a formular la Teoría del Apego, la cual se considera la investigación más profunda que se ha hecho hasta ahora sobre este tema.
John Bowlby (que vivió entre 1907 y 1990) creía que el apego seguro, formado desde la primera infancia, es classic para el posterior desarrollo emocional del individuo. Es una necesidad humana unique, que garantiza no solo protección y supervivencia, sino también conexión, regulación emocional y sentido de pertenencia. Además, planteó que es una conexión duradera que se presenta de forma natural en los seres humanos.
Lo que experimentes en la infancia se manifestará en tus posteriores vínculos en tu vida. Así, podés tener lo que llamamos un apego seguro, un apego evitativo, un apego ansioso-ambivalente o un apego desorganizado.
La compasión según tu estilo de apego
Campayo y equipo partió de la conception de que los protocolos compasivos anglosajones no encajaban bien en el sistema sanitario español, donde la atención primaria y la gratuidad son fundamentales.
Además, comprendieron que si consideramos las vivencias emocionales de las personas en términos de apego (cómo se vinculan y lo que experimentan en tal sentido) puede facilitar la manera de trabajar con la compasión.
El apego seguro facilita muchísimo la actitud compasiva, porque existe confianza básica, equilibrio emocional, disposición a empatizar. El ansioso seguramente va a encontrar más difícil el entrenamiento de la compasión, por la incertidumbre e inseguridad que experimenta cotidianamente.
Entonces, si ajustamos la forma de trabajar con las personas de acuerdo a su estilo de apego, podremos influir más sobre la experiencia compasiva. De eso se trata este modelo.
Por supuesto, Javier tomó aspectos de otras teorías y abordajes de la compasión que consideró valiosos para enriquecer el propio. El resultado fue un enfoque potente que sintoniza mejor con la necesidad de cada uno.
Andar en el mundo con anteojos compasivos
Al fin y al cabo, se trata de poder desarrollar este recurso, esta cualidad tan maravillosa en nosotros. La compasión es una posibilidad inmensa de protegernos en una existencia donde el sufrimiento nos visita, cada tanto, para recordarnos nuestra vulnerabilidad.
Como dice el doctor Campayo en su libro sobre compasión: es una manera amable de relacionarnos con nosotros mismos, incluso en los casos de fracaso, de incapacidad percibida, o frente a emociones negativas como culpa, vergüenza y autocrítica.
La compasión es clave para mejorar nuestro bienestar físico y psychological y nuestras relaciones interpersonales.
Es el tiempo de la compasión. Es el tiempo de la humanidad compartida.
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