Un nuevo estudio descubre el motivo de que algunos momentos parezcan más largos: la clave está en la dopamina

Cerebro

¿Por qué hay momentos que, al recordarlos, parecen haber durado mucho más de lo que realmente duraron? Un nuevo estudio apunta a una respuesta tan sorprendente como acquainted: la dopamina podría estar ayudando al cerebro a estirar ciertos recuerdos cuando algo rompe la rutina

Hay momentos que, cuando los recuerdas, parecen ocupar mucho más espacio del que realmente tuvieron. Una conversación inesperada, un susto, una sorpresa o una escena que partió el día en dos. Ahora, un nuevo estudio de la UCLA apunta a una explicación que sorprende y mucho: la dopamina ayuda a que el cerebro separe esos instantes como si fueran capítulos distintos, y eso hace que luego los sintamos más largos en la memoria.

La investigación no dice que el tiempo se altere de verdad, sino que nuestra forma de recordarlo cambia. El hallazgo se centra en una zona del cerebro llamada área tegmental ventral, relacionada con la dopamina, que se activa cuando empieza un evento nuevo o cambia el contexto de lo que estamos viendo. Cuanto más se activaba en el experimento, más separados en el tiempo parecían luego ciertos recuerdos, aunque en realidad hubieran ocurrido con la misma distancia temporal.

El cerebro no mide el tiempo como un reloj

El experimento en cuestión fue relativamente simple, pero muy revelador. Los investigadores pidieron a 32 personas que miraran imágenes de objetos mientras escuchaban tonos en uno u otro oído. Cada cierto número de imágenes, el tono cambiaba de lado y de tono, y eso servía para marcar una especie de “nuevo episodio”.

Cuando llegaba ese cambio, la zona del cerebro vinculada con la dopamina se activaba más. Después, al preguntar a los participantes cuánto tiempo creían que había pasado entre dos imágenes, tendían a decir que las que estaban separadas por uno de esos cambios parecían más lejanas entre sí, aunque no lo estuvieran.

Dicho de una forma más simple, el cerebro parece usar la novedad o el cambio para cortar la experiencia en trozos. Y esos cortes ayudan a organizar mejor la memoria, aunque a costa de volverla menos fiel al tiempo precise. No es que recordemos peor por accidente, es que, muchas veces, el cerebro prioriza que el recuerdo sea útil antes que perfectamente exacto.

Este estudio se conecta directamente con el que demostró que el cerebro sigue madurando más allá de lo que solemos creer, y también muestra que la memoria se equivoca a diario al colocar los hechos en el tiempo. Todo esto deja en evidencia que la dopamina puede ser una de las piezas que explican por qué ciertos momentos se estiran en nuestra cabeza mientras otros se encogen casi sin dejar rastro.

Recordamos mejor lo que rompe la rutina

Una de las solutions más interesantes del estudio es que esta distorsión puede ser útil. Los autores plantean que separar más los recuerdos ayuda a que no se mezclen tanto entre sí. Si un momento fue nuevo, raro o importante, el cerebro lo marca con más fuerza y lo deja aislado del resto. Por eso muchas etapas monótonas luego parecen comprimirse en la memoria, mientras que periodos más intensos o llenos de cambios ocupan mucho más espacio mental.

Eso no significa que la dopamina sea una especie de botón mágico del tiempo. Los propios investigadores reconocen que aún hace falta más trabajo para saber hasta qué punto este efecto explica experiencias reales fuera del laboratorio. Pero la belief central apunta a que cuando algo rompe la continuidad de lo que estamos viendo, el cerebro lo señala, lo separa y después lo recuerda como si hubiera durado más.

Al final, la conclusión es casi tan curiosa como acquainted. No solo vivimos el tiempo: también lo reconstruimos después. Y en ese montaje mental, la dopamina parece tener más que decir de lo que se pensaba.

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