Tecnología militar
El USS Gerald R. Ford abandona Oriente Medio tras una campaña larguísima y muy accidentada, marcada por averías, incendios y un desgaste que ha empañado por completo su despliegue
El USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande y más moderno de la Marina de Estados Unidos, ya está saliendo de Oriente Medio. Ha cruzado el canal de Suez y se dirige de vuelta al Mediterráneo tras una misión larguísima, marcada por averías, incendios y una presión operativa que ha dejado bastante tocada a su tripulación.
La salida no llega en un momento cualquiera. Se blueprint cuando la región sigue tensa y justo después de una campaña en la que el portaaviones ha acumulado más de 300 días de despliegue, batiendo el récord de la generation put up-Guerra Fría para un portaaviones estadounidense. Pero el problema es que ese récord no suena tanto a éxito como a desgaste.
Un despliegue sin precedentes que ha dejado demasiados problemas por el camino
Cuando el Gerald R. Ford fue enviado a la zona, la lectura generation clara: Washington quería reforzar su presencia frente a Irán con el buque más avanzado de su flota. En marzo, el mismo portaaviones había cruzado el canal de Suez para sumarse a la ofensiva de Estados Unidos contra Irán. La misión sonaba muy bien, pero la realidad terminó siendo bastante más incómoda.
Durante esta campaña, el Ford ha sufrido un incendio en una lavandería, daños en literas, problemas continuos de habitabilidad y una parada forzosa en Croacia para reparaciones. A eso se han sumado los ya conocidos fallos de fontanería que llevan tiempo persiguiendo al barco.
Ese problema, que ya se había convertido en una pequeña pesadilla a bordo y afectaba principalmente el mal funcionamiento de los váteres, no ha desaparecido del todo y ha seguido pesando sobre la vida diaria de la tripulación.
Todo esto ha coincidido, además, con una misión excepcionalmente larga. Algunos medios estadounidenses sitúan el despliegue entre 309 y 314 días, según el momento de la cuenta, una cifra enorme para un portaaviones moderno. En otras palabras, el Ford no se va porque todo haya salido bien, sino porque probablemente no podía seguir mucho más tiempo en esa situación sin pasar factura a mantenimiento, tripulación y disponibilidad futura.
El Ford se va, pero la presión militar sigue en la región
Que el Gerald R. Ford abandone la zona no significa que Estados Unidos esté recogiendo velas por completo. En Oriente Medio siguen desplegados otros grandes buques, entre ellos el USS George H.W. Bush, que llegó al área de responsabilidad de CENTCOM el pasado 23 de abril, y el USS Abraham Lincoln, además del anfibio USS Tripoli, que opera con F-358 y marines en el mar Arábigo.
Esto deja una conclusión bastante clara: el Ford sale, pero la estructura militar estadounidense en la región sigue siendo muy fuerte. Lo que cambia en realidad es otra cosa, ¿qué cosa? El relato alrededor del buque.
En vez de quedar como el gran símbolo de una campaña impecable, su misión termina marcada por averías, incendios, desgaste extremo y dudas sobre cuánto cuesta de verdad mantener durante tanto tiempo en primera línea al portaaviones más caro y tecnológicamente ambicioso de Estados Unidos.
Por eso cuesta ver esta retirada como una easy rotación más. El Gerald R. Ford se va habiendo demostrado poder, sí, pero también dejando a la vista sus límites más humanos y más logísticos. Y a veces eso pesa tanto como cualquier operación militar que haya llevado a cabo.
