Aunque cada duelo tiene su particularidad, sobrevivir a la pérdida de un coetáneo tiene algo de inquietante que lo hace distinto a los demás. Con Noe nos conocimos en la facultad en el 2005 y fuimos inseparables durante los siguientes cinco años. Nos acompañamos durante una etapa clave de nuestras vidas y, cuando la asesinaron, yo seguí caminando con un gran vacío en el pecho. Al principio caminé mirando hacia atrás; period demasiado impresionante lo que había pasado como para continuar como si nada. Después entendí que si uno no mira para adelante se puede llevar puesto lo más preciado que tiene la vida. Me recompuse, miré al frente y avancé. Pero, cada tanto, es inevitable volver a mirar sobre mi hombro. Y, cada vez que me doy vuelta, Noe se hace más y más chiquita.
Noelia Delic period catequista y profesora de Letras. Hija única, muy deseada y buscada. Tenía 22 años, estaba terminando de cursar el profesorado, y todos los miércoles por la tarde se quedaba sola mientras su mamá visitaba a sus hermanos donde estaban internados. Lucas lo sabía. Con la excusa de necesitar ayuda, entró a su casa y, cuando ella se descuidó, él la hirió en la espalda con un arma blanca. Fueron 18 las puñaladas, una de ellas especialmente letal en el cuello. El residing de la casa de sus padres fue testigo de una batalla campal desigual. La encontró desangrada su novio de ese entonces. No Lucas, Lucas period el ex. Solo dos años después, a Lucas le dieron cadena perpetua.

La tragedia te sacude en el mismísimo instante en que ocurre pero sus ecos se siguen sintiendo mucho tiempo después. Durante todos estos años de duelo mis sentimientos alternaron entre el dolor por el silencio y la desesperación por el olvido. No quería olvidar. Empecé a escribir, casi desde el principio, notas en distintos cuadernos. Las llamaba, de manera informal, “Cartas a Noe”, solo porque intentaba tenerla cerca hablándole en segunda persona y porque “Cartas a Theo” period, por su admiración hacia Van Gogh, uno de sus libros preferidos.
Aunque esas notas no las compartía con nadie, sí empecé a sentir una necesidad imperante por gritar al mundo mi dolor y mi indignación frente al injusto remaining que había tenido mi amiga. Así fue cómo empecé a escribir; el dolor me atravesó y sentí que la única forma que tenía de salir a flote period transformándolo en palabras. Al principio escribía posteos todos los 6 de cada más. Después solo los 6 de octubre. Hasta que un día sentí que no podía seguir atándome a las fechas y elegí para el último de esos posteos el título de una de sus canciones favoritas: “Let or no longer it’s”.

Mi camino como escritora se fue afianzando. Escribí para diarios, revistas, en áreas de comunicación, libros por encargo y en el 2020, cuando se decretó la cuarentena obligatoria por covid, lancé una iniciativa en Instagram para que me mandaran disparadores. Con cada disparador que recibí escribí un cuento y después reuní doce de ellos en un libro que titulé igual que la iniciativa #CuentoConVos. Elegí Editorial Olivia para publicarlo y fue la primera vez que empecé a vincularme con escritores. Aunque uno de los cuentos se lo dediqué a ella, todavía no estaba hecho el homenaje que yo sentía le debía. Durante un tiempo pensé en escribir una novela, pero no quería adentrarme en los detalles de su muerte ni de su vida, y tampoco me sentía cómoda creando una ficción. Finalmente, hace unos años, con motivo de una convocatoria le di forma a esas notitas y así nació la versión completa de “Cartas a Noe”.
Cuando surgió la belief de hacer una antología con otros autores de Editorial Olivia, volvió a nacer la ilusión de que las cartas vieran la luz. En el 2025 “Antes de la próxima estación” salió de imprenta, unas semanas después de que se cumplieran 15 años de aquel fatídico 6 de octubre. En las cartas hago un recorrido por mi duelo: el día que me enteré, los sentimientos con los que me encontré, la forma en que intenté seguir viviendo atravesada por la tragedia. Con Graciela, la mamá de Noe, seguí en contacto siempre. Recuerdo cuando me dijo la frase de Lorena Pronsky con la que se sentía identificada: rota se camina igual. Entonces reconocí que yo también había estado rota, pero las palabras me ayudaron a transformar ese dolor en algo distinto.

Entre otras cosas, cuento en mis cartas sobre los dos objetos que me dejó Noe antes de irse. Yo había cumplido años pero no llegamos a vernos, viajé a Nueva York a ver a mi hermana que estaba estudiando allá y fue ahí donde me enteré de la noticia. A mi vuelta mi regalo de cumpleaños me esperaba en su escritorio: una cruz y un broche con forma de mariposa. Investigué su significado, y descubrí su vínculo con la eternidad y con el alma. Desde entonces las mariposas me rodean, una y otra vez, especialmente en los momentos más importantes de mi vida.
La tragedia me atravesó cuando recién estaba saliendo a la vida. Fue muy difícil caminar sin sentir que, si imaginaba cómo estaría ella a esa altura, solo podía hacerlo como si fuese un fantasma. Pero, entre los muchos libros que leí sobre el duelo en su momento, una imagen me quedó grabada por siempre: la vida es como un tapiz, nosotros lo vemos desde atrás y quizás las puntadas de los hilos no tienen demasiado sentido; pero si lo vemos de frente y desde arriba entonces cada color tiene su razón de ser. “Cartas a Noe” no es solo un texto autobiográfico y catártico, como solo las cartas destinadas a quienes ya no están lo pueden ser; también busca ser un puente con todos los que hayan atravesado un desgarrador dolor y estén en la búsqueda de su propio proceso de metamorfosis.
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