Cabo Verde, el país cuna de la saudade que buscó por Linkedin el efecto nostálgico para jugar por primera vez un Mundial

Por las calles de São Vicente, una de las diez islas que forman el archipiélago africano de Cabo Verde, a unos 500 kilómetros de la costa de Senegal, se puede viajar en un taxi con un chofer que le puso a su hijo Enzo, por Enzo Fernández. Y por la zona antigua de Praia se puede abordar otro con el taxista Diego, por Diego Maradona.

«Estuve allí en junio y lo que más me sorprendió fue la cantidad de camisetas argentinas que se veían puestas en los jóvenes y a la venta en las tiendas», le cuenta a Clarín Alí Delgado, un abogado de 38 años que nació en la Argentina, tiene abuelos caboverdeanos y viajó por primera vez a ese país para conocer de primera mano la cuna de la saudade (una nostalgia profunda que es difícil de poner en palabras) y la morabeza (la calidez que es marca registrada de Cabo Verde).

Dos sentimientos que moldearon a esa tierra y que tuvieron como abanderada a la cantante Cesária Evora, la diva de los pies descalzos que nació en Mindelo, la capital de São Vicente, y quien convirtió a Sodade (saudade en criolo, el dialecto que se habla allí) en un hit international.

De esas texturas emocionales está hecho también este triunfo futbolero. Hubo mucho juego, pero también mucho corazón en esta hazaña deportiva. Pedro Leitão Brito, el DT, más conocido como Bubista, fue una pieza clave para usar la nostalgia y la pertenencia como arietes para convocar a los jóvenes que estaban desparramados en la diáspora. «Si tenés ascendencia caboverdeana, sos caboverdeano, entonces vení a jugar para nuestro país», convocó Bubista. Y le salió bien: 14 de los 25 jugadores del plantel nacieron fuera de las Islas.

La legendaria Cesária Evora, la diva de los pies descalzos, que falleció en 2011 y fue clave para transmitir la La legendaria Cesária Evora, la diva de los pies descalzos, que falleció en 2011 y fue clave para transmitir la «sodade» caboverdeana a todo el mundo. Foto AFP

Ejemplos: el 9 que la rompe, Dailon Livramento, nació en Rotterdam y es hijo de la diáspora, pero se puso la camiseta de los Tiburones Azules, como se conoce a la selección de Cabo Verde. Otro: Roberto Lopes, Pico, vino al mundo en Irlanda y jugó para ese país en la selección Sub 19, pero terminó poniéndose la camiseta de las Islas gracias a un contacto por LinkedIn, la red social que usó la Federação Cabo-verdiana de Futebol para contactar a futbolistas con orígenes caboverdeanos.

Por eso, el milagro de este pequeño país es más que un escalón en el cielo de los Mundiales de fútbol. Es la celebración de una identidad nacional. Una reivindicación histórica de un territorio que fue colonia portuguesa hasta 1975. Hoy la camiseta de la hazaña tiene otro valor, que no se mide en goles. Puede mostrar, una vez más, que el fútbol, a veces, es más que un deporte. Es un fenómeno social que moldea la memoria colectiva.

Tiburones Azules, la selección de Cabo Verde, el equipo de la hazaña. Foto EFETiburones Azules, la selección de Cabo Verde, el equipo de la hazaña. Foto EFE

En la Argentina, el triunfo de los Tiburones Azules se vivió a pleno en la comunidad de descendientes de caboverdeanos. Se calcula que son entre 25 y 30 mil y están afincados especialmente en Dock Sud y Ensenada, donde tienen sedes de distintas asociaciones. El pico de inmigración a nuestro país se produjo entre 1930 y 1940, y se estima que los últimos llegaron en la década del ’70.

La celebración unió, entre otros, al productor discográfico Angelo Spencer, radicado en París, a la historiadora Miriam Gomes, en Dock Sud y a Antonio Lopes, en Boston, en un solo festejo. Un grito de corazón que retumbó en toda la diáspora.

Alí Delgado, en Buenos Aires, todavía no puede creer su racha futbolera, después de haber vivido la felicidad (que todavía elige) de Qatar 2022, en el Mundial 2026 tendrá dos probabilities para ser campeón. «Cuando tenés abuelos caboverdeanos, sos un caboverdeano más aunque hayas nacido a miles de kilómetros de las islas, eso es parte de la idiosincrasia del país, así que ahora voy a soñar con otra Copa para Argentina o la primera para Cabo Verde», cuenta ilusionado.

Alí Delgado con la número 9 de los Tiburones azules, la de Dailon Livramento.Alí Delgado con la número 9 de los Tiburones azules, la de Dailon Livramento.

Ese país de sus abuelos, con 524.877 habitantes repartidos en las islas y alrededor de un millón viviendo en otros países, se clasificó para el Mundial de fútbol del año que viene, que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá, con un contundente triunfo 3 a 0 ante Esuatini que coronó un recorrido. Y rompió todos los moldes.

DS

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