Descubren un parásito que manipula a las hormigas para que asesinen a su propia reina

hormigas

Crédito: Shimada et al., Curr. Biol., 2025

Las hormigas parecen animales inocentes e inofensivos cuando las vemos pululando entre nuestros pies, sin causar mucho revuelo. Sin embargo, su capacidad para causar intrigas políticas dejaría boquiabierto al mismísimo George R. R. Martin. Sí, el autor de Juego de Tronos. Sabemos que cuando se enfrentan entre colonias son capaces de asesinar, secuestrar e incluso esclavizar a otras hormigas. Pero lo que no sabíamos es que hay hormigas que pueden introducirse en un hormiguero y provocar el asesinato de la hormiga reina por parte de sus propias hijas.

Un equipo de científicos japoneses ha pillado in fraganti en pleno crimen a hormigas de dos especies:  Lasius orientalis y Lasius umbratus. En cuanto a las víctimas, también pueden ser dos especies distintas: Lasius flavus y Lasius japonicus

A grandes rasgos, para llevar a cabo el crimen la hormiga parásita se disfraza, se introduce de incógnito en el hormiguero, hace que la otra hormiga reina se parezca a ella y provoca al resto de hormigas para que la ataquen. Tras provocar la trampa huye del hormiguero, pero una vez que se ha producido el crimen vuelve para ocupar el lugar que dejó la otra reina. ¿Se parecía o no se parecía a Juego de Tronos?

¿Cómo consigue disfrazarse la reina parásita para engañar a las otras hormigas?

En realidad, para las hormigas no es tan importante el sentido de la vista como el del olfato. Se mueven siempre teniendo muy en cuenta los olores que las rodean y, por supuesto, también se reconocen las unas a las otras a través de los olores.

Por eso, lo primero que hace la hormiga parásita justo después de aparearse es interaccionar con las obreras de la especie a la que pretende atacar cuando están fuera del hormiguero. En ese punto no supone una amenaza para ellas, por lo que la reina aprovecha para impregnarse con su aroma. Después, se introduce en el hormiguero. Ahí sí que podría ser atacada como intrusa, pero no lo hace porque va disfrazada de su misma especie. 

Convertida temporalmente en una obrera más, llega hasta la reina, a la que rocía rápidamente con un líquido a través de unas glándulas en su abdominal. Este líquido, según las investigaciones de los científicos que acaban de publicar el estudio, parece ser ácido fórmico. Un ácido fórmico característico de su especie que genera un gran rechazo en las obreras. La reina parásita huye de la escena del crimen, ya que en ese momento ella también está impregnada en el líquido delator.

En cambio, la reina del hormiguero no es consciente de que tiene que huir. Cuando sus propias obreras, sus propias hijas, reconocen ese olor extraño, se lanzan contra ella y la asesinan. Aunque a veces no ocurre a la primera. Por eso, pasado un tiempo prudencial, la reina parásita vuelve al hormiguero. Si la otra reina sigue viva repite su modus operandi y huye de nuevo. Si ya la han asesinado, aprovecha para ocupar su lugar.

Una nueva reina para el hormiguero

Las hormigas huérfanas acogen a la parásita como nueva reina y le ofrecen sustento y protección. Ella aprovecha la tesitura para poner ahí sus huevos y criar una nueva prole, que poco a poco se adueñará del hormiguero desde dentro. 

Así acaba una historia tan fascinante como terrorífica. La próxima vez que mires cómo corretean las hormigas entre tus pies, recuerda que son mucho menos inofensivas de lo que parecen. Pueden estar maquinando cómo derrotar a todo un hormiguero sin mancharse sus propias patitas de sangre. Bueno, de hemolinfa. 


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