La sociedad de la apariencia

¿Es vergüenza? ¿O cierto orgullo mal entendido? ¿Quizás una educación donde mostrar flaquezas se percibía como debilidad? Más allá de la causa, no pedir ayuda cuando se la necesita se traduce siempre en desesperanza. Hay momentos en que no podemos solos, sea por un tema muy trabado, por una adicción inmanejable o porque nos falta un termómetro interno para entender qué (nos) está pasando. Pero si ahí nos atrevemos a hablarlo, a permitir que nos apuntalen, ya tenemos recorrido buena parte del camino.

No pasa únicamente con los problemas mentales. También, por ejemplo, con el sobrepeso. ¿Cuánta gente conocés -sino vos mismo- que inicia el régimen el día 1 con entusiasmo sin igual, sigue el 2 trabajosamente y se quiebra al tercer amanecer? En algunos rubros, eso se sabe. Y hay abuso. Siempre me llamó la atención que en los gimnasios le hacen la guerra a que te inscribas por poco tiempo. Entienden que muchos van a dejar después de un par de semanas, pero ya les corre igual el débito automático. ¿Sería diferente si uno lo encarara en grupo para no caer en l. a.veces impagable figura del entrenador non-public?

El texto que acompaña esta columna muestra un párrafo especialmente significativo. Pablo, el autor, vuelve a la casa de sus padres porque se da cuenta que solo no sale de ese estado depresivo severo. Y señala “nunca lo consideré un retroceso, sino un refugio necesario, un espacio donde rearmarme”. Ojalá muchos lo puedan hacer en casos límites, o no tanto.

¿Pero hay que esperar a que nos pidan ayuda? A menudo, por no entrometernos en la intimidad ajena no nos arriesgamos a preguntar si hay espacio para una charla. O un acompañamiento. O estar más cerca. Es la sociedad de la apariencia: solemos preguntar “¿Todo bien?” y ni siquiera esperamos respuesta. Aparentamos interés pero en verdad nos da más o menos lo mismo.

Salgamos un ratito de nuestra burbuja y reflexionemos sobre aquel que vimos flojo. No nos vamos a arrepentir.


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Por Ricardo Tapia

Editor jefe de MoM, con más de veinte años de trayectoria en medios gráficos y audiovisuales. A lo largo de su carrera se desempeñó en roles de conducción editorial, producción y análisis de contenidos, y también actuó como corresponsal de guerra, cubriendo escenarios de alta complejidad y riesgo. Su experiencia combina mirada periodística, criterio editorial y capacidad para abordar contextos políticos, sociales e internacionales con rigor y solidez profesional.

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