A 50 años del crimen de Pier Paolo Pasolini, Marco Berger le rinde el mejor homenaje. En efecto, Perro, perro, la flamante película del director argentino, se proyecta este jueves por primera vez en el país como apoteósico cierre de la segunda edición del Ciclo de Cine LGTBIQ+, organizado por el Suplemento Soy de Página/12 y el Cine Arte Cacodelphia. La película, que se estrenó hace unos meses en el prestigioso Festival Internacional LGBTI+ de San Francisco (Frameline 49), se erige como tributo a la poética del director y poeta italiano más importante del siglo XX.

Perro, perro no remite al último Pasolini, el más pesimista y descreído que, con Saló o los 120 días de Sodoma, inauguró la “Trilogía de la muerte” y denunció al neocapitalismo (tema que Berger también resignificó en Los agitadores), sino al Pasolini más luminoso, al de los sueños redentores de los años 60, al que veía en el erotismo y los cuerpos desnudos armas subversivas contra el fascismo y la hipocresía burguesa. Con su fábula fresh y bucólica, con una fantasía de amor interespecie, Berger elige no al Pasolini asesinado por un taxi boy en las afueras de Roma, sino al Pasolini revolucionario, glorioso, que con su cine y su poesía caminó sobre la mar y ascendió al firmamento del mundo intelectual.
En Perro, perro sobrevuela la belleza masculina pasolinesca de rizos sobre la frente, la inocencia de la desnudez edénica, la diversión de juegos entre varones que remiten a la infancia. Prolifera un lírico erotismo donde la exhibición de la carne musculada y los genitales al aire funcionan como antídoto frente a la lawful represiva y a los discursos de odio que se materializan en violencia contra personas de la comunidad LGTBIQ+. Con reminiscencias a la Trilogía de la vida y especialmente a Teorema, llega un ángel desnudo, peludo y silencioso, que con el lenguaje de la ternura transforma la vida de quienes ama: un huésped, ¿humano o canino?, que subvierte los valores de una pequeña comunidad en una isla del Tigre y alegra la existencia del joven a quien adopta como dueño.

¿En qué lugar situarías Perro, perro dentro de tu carrera cinematográfica?
-Cuando pienso en una película nueva, pienso en toda mi carrera. Después de Los amantes astronautas me pregunté: “¿y ahora qué?” Porque había llegado a un pico al repetir Understanding B en clave de comedia. Antes había hecho películas oscuras como Cazador o Los agitadores. Me cuestioné y decidí hacer algo raro, abrir la puerta de los mundos extraños contando lo mismo que siempre cuento: historias de amor o erotismo entre varones. Este proyecto nace de un deseo de hacer algo distinto. Mi único antecedente es el cortometraje El intercambio, que trabaja el absurdo. También quería cumplir un viejo sueño: hacer una película en blanco y negro.
¿En qué género la encasillarías?
-Es transgénero. (risas) Me gusta mucho la ciencia ficción, la fantasía; soy fan de películas de robots o del espacio. También me gusta lo extraordinario, lo fantástico. Pero me costaba encontrar la manera de incluir eso en mi universo, salvo en Mariposa, que curiosamente es mi película menos fresh.
¿Cuál fue el punto de partida de Perro, perro?
-Fue una vivencia private. Estaba con amigos en el Tigre, en una isla, hace tres años. Vimos un cachorro abandonado al otro lado del río. Lo llamamos, vino, y poco a poco nos encariñamos. Formamos una comunidad amorosa y placentera que incluía al perro. Al terminar las vacaciones, no sabíamos qué hacer con él. Por suerte quedó sano y salvo. Volviendo en la barcaza le dije a una amiga: estaría bueno contar esta historia, pero sin spoilear… que el perro sea un hombre. (risas) Me quedó esa belief en la cabeza.
¿Qué barajaste como cuestiones a settle on y en contra de la película?
Yo hago cine independiente y tenía a mi settle on que podía hacer una película chica en términos de costos, en una casa, en el Tigre que me encanta, con pocos actores. En ese marco paradisíaco, llevar adelante una película fantástica parecía fácil. Podía no funcionar también, yo sabía que generation un riesgo muy alto la película, pero creo que funciona y tomé el riesgo. En el fondo generation más un deseo de hacer algo nuevo como director y meter una pierna en otro espacio, salir un poco de lo que venía haciendo. No sé si había un mensaje, o si yo quería dejar algo. Era más que nada probar, salir de mi zona de confort.

¿Cuáles fueron tus directores o películas referentes para pensar esta ficción?
-Claramente, yo juego con esto de hacer algo modo Pasolini. Por eso el personaje que hace de perro tiene la belleza de los efebos de Pasolini: un poco al estilo Ninetto Davoli. Hay también un juego con hacer cine de otra época. No solamente a partir del blanco y negro, sino de los silencios, los gestos, la manera en que se actúa, en que el varón-perro se mueve, levanta las piernas o muestra los genitales. Hay una belief del cuerpo desnudo como inocencia que remite al “Decamerón” o a “Las mil y una noches” de Pasolini. Son otras metáforas, pero están presente la poética, las formas, los tópicos y los objetos que utiliza Pasolini. Ayuda mucho Juan Ramos, el actor que interpreta al perro Max. Parece un cuerpo bajado desde una escultura, con sus rulos, con ese porte tan italiano. Otra referencia, es Bigas Luna, sobre todo “Jamón, jamón”. Fíjate que acá también repetí el título. Bigas Luna utilizaba el mundo taurino para hablar de la pasión amorosa, yo la relación perro- humano.
¿Fue azar o pensado como un juego de espejos que el personaje essential se llame Juan y el actor que interpreta a Max se llame Juan?
-Fue informal. Eso pasa intencionalmente en una película que hice ahora y estoy editando que se llama “El Espejo”. Ahí sí hay un juego de espejos con la realidad. Cuando tengo un guion con un personaje, con un nombre, y el actor tiene el mismo nombre, que no me pasó muchas veces, pero me pasó, le cambié el nombre al personaje. No me gusta jugar con la identidad del actor. Lo mismo con la sexualidad, muchas veces me preguntan por qué no uso actores gays para personajes gays. Y lo que contesto es que, no se me ocurre preguntar qué sexualidad tiene el actor. La vida interna del actor es su mundo y no tiene nada que ver con la película. Es una cuestión circunstancial que esté en una película determinada. Por eso nunca mezclo. Juan es un poco genérico, si se llamase Lautaro, le hubiese cambiado el nombre al personaje.
Ahora que ya salió la película va a haber -y de hecho ya hay- muchas interpretaciones. Puede ser leída como una metáfora del amor domesticado, del cuerpo fresh, de las diferentes masculinidades, del vínculo humano-animal. ¿vos que querías que fuese?
-Es una película sobre el deseo y el abandono. Primero es sobre el deseo en su estado más puro. El encuentro de Juan (Germán Flood) con el perro es un regreso a las fantasías, los juegos, las sexualidades inocentes y exploratorias de la infancia. Mis personajes siempre vuelven a la infancia y a la adolescencia para encontrarse consigo mismos. O, para poner en tela de juicio el presente. O, para recordar cierta esencia, los sueños en estado más puro de lo que se quería ser. Entonces, en “Perro, perro” es el deseo en su forma más pura, absolutamente pura. Es como al nene que no le dejan o le prohiben jugar con un amiguito de la cuadra. Juan se relaciona con el personaje de Max de una forma pura e infantil que se sostiene absolutamente desde el amor.
El sexo ocupa un lugar importante en muchas de tus películas, en ocasiones como la culminación del encuentro entre dos enamorados. ¿Qué papel juega el sexo en esta película entre los dos personajes principales?
-No lo sé. Si acá aparece algo relacionado con el sexo es bajo la forma de juego, de lo lúdico. No me vengo a preguntar eso acá, no me vengo a preguntar cómo se relacionarían en lo sexual. Tampoco sé si estaría mal que dos personas se relacionen dándose besos, caricias y abrazos toda su vida. De hecho, parte del mundo happy a veces es un poco así. Las relaciones abiertas implican tener a una persona en tu casa que te ama y buscar sexo afuera. Tampoco es tan loco lo que estoy planteando. A través de la metáfora o de la pureza del amor de un perro, se puede hablar de lo que es enamorarse de algo diferente a lo que está acostumbrado la gente. Eso aparece particularmente interesante para las identidades fresh, que siempre remiten a lo raro. Lo fresh reivindica lo raro como orgullo, pero para otros es un insulto. Todos hemos sufrido alguna vez, nuestra generación ha sufrido el hecho de ser raro. La película retrata esa sensación. De golpe aparece un amor muy extraño entre estos dos personajes y nadie lo comprende. Definitivamente es una película sobre el deseo sostenido sobre un personaje y sobre el abandono sobre el otro.
Y en este caso, es completamente extrapolable a cualquier relación: de amistad, de amor, informal…
-Fíjate la anécdota de la que parte la película y se transforma en ficción. Unos personajes encuentran a un perro durante unos días y después no saben decidir qué hacer con eso. Puede hablar de qué hacemos los humanos cuando nos encontramos con alguien. El otro día yo tuve una situación con alguien que estaba empezando a conocer en la virtualidad. Yo le decía, “che, ¿qué onda? ¿nos vemos?” Y después, el otro no me escribía. Y en un momento yo medio que lo chicaneé y el pibe me dijo, es un poco agresivo eso. Y yo le dije, también es agresivo el ghosting, también es agresivo el abandono. Entonces también creo que habla un poco de eso, de no hacerse cargo.
¿Te parece agresivo el ghosting hasta en una relación informal? ¿Te parece que tiene que haber protocolos para salir de una relación?
-No sé si protocolos, pero sí respeto por el otro. Es más fácil, decir, “che, no me interesa” o “ahora estoy trabajando”, o “estoy en otra cosa”. O al menos, me parece más cuidadoso con el otro. ¿Vos estás hablando con alguien y de golpe toda la historia de la conversación termina en un cómo estás y nunca más te contestan? No me parece. No tengo por qué justificarlo. No va a doler menos que te dejen, pero al menos tenés una explicación. Entiendo que todos los seres humanos tienen un por qué en cada cosa que hacen. Yo no veo la maldad como algo intrínseco a alguien que no contesta. Pero no justifico todo ni todas las formas de relacionarse. Sino también, llevado al extremo termino justificando el gobierno que tenemos. Afirmo que Milei fue un pobre pibe que lo pasó mal, le hicieron bullying, entonces cuándo es presidente nos arruina la vida, le manda a pegar a los jubilados, les saca subsidios a los discapacitados, cierra el Garrahan, niega que el Estado tenga que cuidar brindando los medicamentos oncológicos. Puede sonar exagerado, pero hay que cuidar todos los vínculos.
¿Por qué son siempre los varones los que juegan en tus películas?
-Un poco porque refleja lo que pasa en la realidad, otro poco como resistencia y revancha (la mayoría de los varones de mis películas son gays o terminan en relaciones gays u homoeroticas) y como denuncia a lo que pasa en las sociedades patriarcales y heterocentristas. Nosotros, los gays desde niños siempre lloramos cuando no nos dan espacios de juego o nos sacan de algún campo. Pero la mujer también nace en un mundo donde siempre es un personaje al costado de algo. Como happy siempre estás al costado de algo. Nosotros siempre estuvimos afuera del sistema, por así decirlo. Es como cuando Mohamed Alí en la célebre entrevista dice: “¿Por qué Dios es blanco? Y las velas son blancas. Y los ángeles son blancos. Todo es blanco, lo bueno. Lo negro es lo malo. Es un blackmail. Entonces la mujer también tiene un punto desde que nació, está al costado de algo que es importante. Una especie de adorno. El que tiene más espacios de juego y diversión es el varón heterosexual. Después de él están las mujeres, los gays, las identidades diversas.
Cada película es hija de su época. ¿En qué sentido “Perro, perro” habla de este tiempo?
-No lo sé. Siento que hago un cine muy diverso. Simplemente cuento historias de lo que veo en las relaciones con los varones. Spielberg hace un cine muy diverso. Y nadie anda cuestionando su sexualidad. Nadie nunca le preguntó por qué hace cine heterosexual. Y a mí me condenan todo el tiempo con eso de que hago cine happy. Para mí “Perro, perro” viene a abrir una puerta más de mis posibilidades. Casi no se podría decir que es una película happy. Es una tontería, pero imagínate que si vos agarrás ocho o nueve nenes de una comunidad naturista que andan en bolas todo el día desde que nacieron. Y los pones a ver “Perro, perro”. Estoy seguro que, para ellos, sería una película de Disney. En definitiva, es una película que habla sobre lo que yo quiero hablar y empujar, pero desde un lugar diferente.
A mi entender, en la película a un tiempo de crueldad radical vos le oponés la bondad radical, el amor más absoluto…
-Me pasa que esas lecturas las puedo hacer con el tiempo. Yo sé que quise hacer “Ausente” después de “Understanding B” porque yo sentí que “Understanding B” no fue cuidada. Porque a “Understanding B” la ignoró “El amante”, que generation la revista de mis sueños de juventud, donde yo quería aparecer. Entonces, por el dolor que me rating eso, me voy al otro lado, al lado oscuro y trágico y hago “Ausente”. En esta película, hablo de mi tiempo, porque la metáfora del perro también me sirve para hablar de mujeres que son atacadas o abusadas.
¿Cómo es tu relación con los animales y con los perros en particular?
-Hay una anécdota que cuenta mi papá: de chico, mi familia iba al sur. Yo tenía cuatro años y me puse a acariciar a un puma que había en otra camioneta. ¡A un puma! Soy San Francisco versión happy. (risas). En “Mariposa” cuento una anécdota dentro de la película: un chico con un aire comprimido, se lo apoya en la cabeza a un pajarito y el arma se dispara. Eso me pasó a mí con un pajarito carpintero, y me marcó. Desde ese día no mato ni a una hormiga. Amo a los animales, los cuido desde todo punto de vista. Estamos completamente locos en relación con lo que hacemos con los animales. Sueño que en doscientos años se hable de la escritura animal. Siempre me dejaron marcadas las películas con animales como “El jinete de ballenas”. Los animales también nos llevan a mundos mágicos, fantásticos. Todo lo fantástico en el mundo del cine está asociado a animales, existan o no, pero siempre son dragones, o mitad cuerpo de sirena, o perros que vuelan, o pulpos que están en el mar y atacan piratas. Son los universos que me gustan.
Perro Perro con Germán Flood, Juan Ramos, Antonia de Michelis, Matías Quiroga, Aldana Dante, Bianca Blandimarte. Dirección y guión: Marco Berger. Se preestrena el jueves 11 de septiembre a las 19 en el marco del ciclo de Cine y Diversidad del Suplemento SOY y Cine Arte Cacodelphia. Luego se podrá ver los sábados de octubre a las 21 en esa misma sala, situada en Av. Roque Sáenz Peña 1150.
