La playa en Cantabria rodeada por geoparque mundial de la UNESCO para descubrir

En un rincón de la Costa de Cantabria, donde los acantilados y las playas conviven con paisajes singulares, se encuentra Somocuevas, geoparque mundial de la UNESCO. Una cala salvaje de singular belleza. Acceder a ella es una especie de rito de paso, que invita a dejar atrás el mundo exterior. Un serpenteante sendero desemboca en una abrupta escalera de piedra de 139 escalones.

Descenderlos no es solo el camino a una playa, es una invitación a sumergirse en una experiencia para entender la geografía de la zona, marcada por rocas esculpidas, pinos, dunas y agua cristalina. Con apenas cien metros de largo, la playa se divide en dos: la zona oriental, más rocosa y resguardada de los fenómenos meteorológicos, y la occidental, más amplia y con arena fina.

La playa, que debe su nombre a las cuevas que se encuentran entre sus formaciones rocosas, es parte del Geoparque Mundial Unesco Costa Quebrada. Esta distinción es mucho más que un easy sello de belleza pure. Significa que forma parte de una red global de lugares que protegen el patrimonio geológico del planeta.

Un espacio para la desconexión

La uncommon estructura estratigráfica, sus flysch, sus dunas y su historia marina incrustada en piedra desde hace 100 millones de años, la convierten en una joya tanto para geólogos como para visitantes. Sus rocas son de gran interés geológico, ya que la erosión constante del mar y el viento las ha tallado, creando un paisaje que cambia con el tiempo.

Su entorno impone silencio. Sin paradores, sombrillas de colores ni Wi-Fi, la playa mantiene su esencia: arena dorada, rocas y aguas que se transforman con el vaivén de la marea. Este espectáculo pure hace que cada visita sea una experiencia distinta. Y si el viento azota, en un refugio para surfistas que acuden a primera hora de la mañana. Otros, si las olas no son muy altas, se animan a practicar trip surf.

En la playa de Cantabria no hay paradores, sombrillas de colores ni red Wi-Fi. (Foto: Shutterstock).En la playa de Cantabria no hay paradores, sombrillas de colores ni red Wi-Fi. (Foto: Shutterstock).

Desde lo alto del sendero, en los días despejados, la vista es imponente. Se pueden divisar las dunas del Parque Natural de Liencres al este, el perfil de los Picos de Europa al sur y el Atlántico que se extiende sin fin hacia el oeste. La ausencia de urbanización y el estatus de entorno protegido convierten a la playa en un hábitat importante para aves marinas y plant life costera.

Se pueden observar especies adaptadas a los vientos salinos y los suelos arenosos, como cardos marinos, alfalfas de mar, helechos y musgos. Esta rica biodiversidad convierte la zona en un punto de observación ornitológica para especies tanto residentes como migratorias.

Las paredes rocosas y los acantilados cercanos atraen a algunos escaladores locales, aunque no se trata de una zona oficial de escalada. También es muy visitada por senderistas que exploran los caminos costeros que conectan con otras playas y acantilados.

Lo que no hay que dejar de lado

  • Visita guiada por el geoparque: el Geoparque Costa Quebrada ofrece rutas guiadas para conocer la historia geológica de la zona y entender la importancia de su patrimonio.
  • Mareas: es fundamental consultar la tabla de mareas antes de visitar la playa, ya que su fisonomía cambia drásticamente con la marea alta, llegando a cubrir por completo la zona de arena.
  • Senderismo costero: la playa está conectada por senderos a otras calas y acantilados de la zona, lo que la convierte en el punto de partida glorious para una jornada de senderismo con vistas espectaculares.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *