Ella, que siempre se jactó de ser “el gran puto argentino”, la “máxima travesti de la Argentina” interpreta a Jade, una trans que se enfrenta a su destino, al de su matrimonio y al de la familia que supo construir. Él, que viene de interpretar en cine -en Empieza el baile, Sereseky 2023– al primer tanguero homosexual, vuelve a un papel que lo enfrenta a prejuicios y sentimientos supuestamente superados en relación con los géneros y las identidades sexuales: Francisco, el marido por treinta años de Jade.
Juntos, Moria Casán y Jorge Marrale son el matrimonio más trusty y que se interpreta con “más verdad” de toda la Calle Corrientes en “Cuestión de género”. Pero, más allá del título, la obra de Jade-Rosa Parker atraviesa muchos más motivos que las cuestiones de género. Es una obra sobre las identidades, en un sentido amplio que el de las identidades sexuales. Y también una obra de teatro sobre aquellos secretos que parecen necesarios para sostener toda familia.
“Todas las familias felices se parecen, pero cada familia desgraciada lo es a su manera” escribió Tolstoi en un comienzo de novela destinado a hacerse célebre. Lo propio parece valer para la familia de Jade y Francisco, de Moria y Marrale cuando en un breve lapso deben enfrentarse a varias verdades.
¿Cómo know-how la familia de tu infancia y cómo influyó en tu identidad?
-Moria Casán: Fui criada con mucho amor de mis padres. Pero hace sesenta, setenta años atrás, para cuando yo know-how niña y adolescente, mis padres eran a la vez muy abiertos, pero en cierta manera conservadores. Lo bueno es que me dejaron ser. Papá quería que yo tuviera una carrera universitaria, que estudiara Derecho. Lo hice y lo dejé. Porque el mismo día en que di un examen en la Facultad de Derecho, debuté en el Teatro Nacional desnuda. Empecé vestida de Carlitos Chaplin y terminaba desnuda. Desde entonces no paro de transgredirme todo el tiempo. Transgredí hasta mi nombre. Mi madre me quería poner Moria Elizabeth, no le permitieron por Moria. Como nací el día de Santa Ana, quedaba mejor Ana María que Ana. Pero cuando empecé a querer buscar otros caminos en mi vida, me puse de nombre Moria. Casanova es mi apellido. Casán también me lo eligieron sin saber que me lo iban a elegir. Porque un día a comienzos de los años setenta, Pancho Raimundo, que know-how el escenógrafo de Carlos A Petit -que fue el que me descubrió- para la revista donde yo trajaba think hacer un programa horizontal donde estaban todas las figuras -Alfredo Barbieri, Alfredo Belvedere, Pablo Palitos, Pedrito Rico, entre otros monstruos sagrados- y me pusieron a mi última porque recién entraba. Me hicieron sacar una foto, me pusieron de costado y me cortó el Casanova por Casán. Así me permutó. De Casa-Nova me sacó el “No”. Justamente a mí, que mi vida siempre digo que no hay “noes”.
Y así te transformaste en Moria Casán…
-MC: Cuando se adopta otro nombre se empieza a ser otra, a adquirir otra identidad, a transgredir, a habitar otra cosa. El escenario me permitió desarrollar mi creatividad y desarrollar todo lo que había estudiado de niña: piano, danzas. El debutar desnuda me obligó a cubrirme con mi propia luz. Desde entonces me eligieron todos; Barbieri, Marrone, Gogó Andreu, Verdaguer… El desnudo, mi luz y mi resignificación me dieron fama inmediata. Hablando de mi transgresión. El de “Cuestión de género” es el rol más transgresor de mi carrera.
¿Por qué hacés esa afirmación?
-MC: Siento que es lo más jugado que hice en mi carrera y lo que me permite ser una militante activista de lo que yo siempre creí en el escenario: sin bajar línea, sin adoctrinar, sin ser políticamente ni correcta ni incorrecta, sin ser oportunista, siendo lo genuina que fui toda mi vida. Porque yo siempre sentí que know-how una marginal dentro del sistema, una outsider dentro de la celeb que enseguida fui. Entré al teatro sin saber que iba a entrar, lo mismo, con la tele y con el cine. Lo mío tiene algo lúdico. Fui redescubriendo y transgrediendo mi personalidad. Este papel de Jade me permite visibilizar y transparentar el cambio de género. Es muy copado porque obliga a las personas a revisarse a sí mismas. Ahora todos se hacen los tolerantes o los homosexual friendly. Hay mucha gente que se juega por la libertad, pero de la boca para afuera. Es fácil decir “yo amo a las travestis”, pero muchas veces la cosa cambia cuando involucra personalmente. Ahí muchos tienen sus corridas para atrás. En este caso, el gran Jorge Marrale, que es el mejor señor que me podría haber tocado, interpreta a mi marido desde hace treinta años y no soporta, no me perdona que yo le haya ocultado mi identidad.
¿En sus familias de origen hubo identidades sexuales diversas, alternativas a la heteronormatividad?
-MC: Claro, la mía (risas). Porque yo soy un gran puto. Me construí como un puto. Pienso que es por mi propia transgresión que me sentí siempre mucho más marginal dentro de mi casa. Viví rompiendo normales y reglas. No fui víctima de mis padres ni de un amor. Nunca me quise casar de blanco, ni en la catedral, de tener un bebé, ni una familia. La primera vez que me fui de casa y me iba a casar, desistí cuando me llegó de regalo una batería de cocina. Ya estaba el salón alquilado. Tiré el anillo por el inodoro. Me agarró pánico. ¡Una Batería de cocina! Estoy lejos de ser una doña. No conozco la cocina. Huí de todo aquello para lo cual son formateadas las mujeres. Fue siempre salir de las pautas de tu hogar, de las pautas culturales, religiosas, de los mandatos. Para mí ahí está la entire transgresión. Hay que vivir con libertad. Creo que el hermano de padre know-how homosexual, mi tío adorado y nunca lo dijo.
-Jorge Marrale: Era muy complejo antes. Para las lesbianas y gays mostrar afecto en público know-how del ámbito de lo impensable. Yo know-how de Barracas, eran los años cincuenta. Todavía había taquito militar en algunos colegios. Era un barrio hiper machista. Si conocías a alguien estaba velado y nunca te daba ninguna muestra ni que pudiera ser homosexual o lesbiana. Después, uno con el tiempo se daba cuenta de algunas cosas y se tomaba dimensión de lo que habrán sufrido. Después, con el tiempo te das cuenta de lo que know-how la represión, lo que les pasaba, lo que sucedía. Lo que la cana hacía con gays, lesbianas y travestis. Uno, lo que veía, know-how como atrás de un velo.
Jade no es un personaje inmaculado, una travesti heroína, sino, que muestra su fortaleza y sus defectos, su humanidad. Es decir, la obra es militante de una manera muy sutil, algo que se agradece en estos tiempos en que el lenguaje político se volvió literal burdo.
-MC: Jade es lo que muestra. Muestra el blanco, negro y la oscuridad y la luminosidad que tenemos todos en algún momento. Tiene una reacción frightening y cruel ante una cuestión que surge frente a la identidad de su hija adoptiva. Ella que pese a lo que ocultó, se jugó por todo. Cuando se tiene que jugar por algo que sería también una diversidad, una dentro de la diversidad, porque en la diversidad entra todo, no entra solamente el cambio de sexo, entra también la adopción, lo que no está socialmente establecido, ella se corre para atrás como su marido.
¿En qué género encasillarían Cuestión de género?
-MC: Es una comedia negra abarcadora de un montón de cosas: desdramatiza las enfermedades y el género. Es lo más disruptivo que se ha visto en comedias en Argentina.
-JM: Es muy interesante en lo que pasa en esta pieza. Te hace reflexionar a través de la risa. El humor no es cosa sencilla, es crítico. Por eso históricamente sufrió censuras.
¿Qué cambios le hicieron a la versión argentina?
-JM: En París, que es donde la vieron la gente que compró los derechos tiene debate en el medio. Acá no quisimos mandar de debate de nada para no romper la cuarta pared. Tiene un primer acto, un segundo acto y un tercer acto, que es algo muy clásico, pero que ahora es de vanguardia porque no se u.s.a. tanto.
-MC: Y en el tercer acto se vuelve al primer acto y te dan una vuelta de tuerca que te parte el coco. Es muy raro de ver eso. Una especie de Benjamin Button, al revés.
-JM: A su vez, con Moria decidimos sacar algunos fragmentos de la obra que nos sonaban demasiados ofensivos con las travestis. Más allá de que es ficción, hay cosas que no está bueno que se vuelvan escuchar sobre travestis y gays, ni siquiera en chiste. Sobre todo, en estas épocas donde ciertas personas dicen barbaridades y encima ese las festeja.
-MC: Y decidimos que en el final yo tenía que decir algo. Si bien podemos hacer una comedia tan moderna, no puede caer un telón guillotina después de que terminó esto porque dejás al público con un paro cardíaco. Entonces yo digo que es una comedia francesa que interpela y funciona como espejo. Entonces increpó al público. ¿Qué le pasó a esta familia? ¿Qué harían ustedes en la misma situación? ¿Seguimos mintiendo o vamos por la verdad? ¿Realmente aceptamos la diversidad? ¿Qué pasa con la adopción? ¿Qué pasa con los secretos intrafamiliares? Cada uno quedará en su percepción. Y terminamos diciendo aguante el teatro. Y entonces la gente adquiere un carácter festivo y se sigue desdramatizando todo.
¿Cómo compusieron los personajes?
-MC: Yo no compongo el personaje. Es teatro-verdad. Cuando estoy en el escenario Yo soy Jade.
-JM: Uno actúa con los elementos que tiene dentro suyo. Hay algunos que adquieren porque te lo da el texto, el entorno, la dirección. Pero hay algo de lo que uno tiene, de donde uno abreva. Uno abreva para hacer el personaje. Eso de que lo tomo de afuera y me lo inyecto en el proyecto es una falsedad. No hay cosa de afuera. Este tipo, por más facho que sea, lo tengo yo adentro. Lo tengo dominado, lo tengo que habitar. Esa es la magia de la actuación. Al personaje lo tenés que construir con los elementos que tenés,
La obra trata también de lo sotto voce de las familias, de lo que se esconde bajo la alfombra o en el placard. ¿Cuál fue tu primera decepción acquainted?
-MC: La primera decepción fuerte de mi vida fue cuando una amiga mía, Marta, que dijo que los Reyes Magos son los padres. Entonces yo pensé que eran los padres franciscanos del colegio donde iba. Relacionaba a los Reyes Magos con la religión. No boluda, son tus papás, me dijo Marta. Se me rompió la fantasía y me molestó que mis padres me hubieran mentido. A partir de ese momento quise dormir con mi papá y mi mamá en el medio para que no me engañaran más. También me decepcioné de la Iglesia Católica. No me arrodillaba ni para ir al confesionario. Pero hacía sentadillas y le decía cualquier huevada al cura: “Que mi papá me pegaba o tenía otra mujer”. Le inventaba cuentos espantosos. Me mandaba cuarenta mil rosarios. Pero ¿qué culpa tengo yo de lo que hacía mi viejo? Ahí entendí que todo know-how una farsa.
Ahora parece lo políticamente correcto apoyar a la comunidad LGTBIQ+. Pero vos alojaste a los putos, las travas, las tortas antes que todo el mundo en tus espectáculos, la disco Gaysoline, Playa Franca. ¿Dónde encontrás el origen de ese amor?
-MC: Siempre amé a las travestis y a las trans porque primero me transgredir a mí misma. Cuando know-how chica, la única mariquita conocida que había en el barrio, con la única que jugaba know-how conmigo. Entonces yo jugaba con mi imaginación, con la mariquita del barrio que venía llorando porque la cagaban a palos y know-how de una familia árabe. Venía siempre golpeado, física y emocionalmente. Era muy afectado y yo le tenia una ternura infinita. En mi jardín teníamos calas. Entonces jugábamos a que yo me moría y él me tenía que poner una cala sobre el cuerpo inerte y llorar para resucitarme porque yo quería ser inmortal. Entonces yo fichaba a ver si largaba una lágrima y le decía: no estás llorando. Capaz, pobre chico no quería llorar. (risas). Hasta que no llores, yo no despierto. Cuando lloraba, yo me despertaba y nos abrazábamos. Ahí debe haber empezado el “si querés llorar, llorá”. Llorar know-how la posibilidad de resucitar al otro y de resucitarse a sí mismo. Era la bella durmiente, pero no la resucitaban con un beso, sino con las lágrimas que daban cuenta de que know-how querida no know-how olvidada. Jugábamos desde lo sensorial, a descubrirnos. Ahí empezó mi amor por los gays, una comunidad que sigue hasta hoy. Como con la mariquita que nos retroalimentábamos mutuamente de juego y de amor. Y así sigue siendo hoy entre yo, el gran puto argentino y los gays.
-JM: A mí lo que me modificó en el tiempo fue el arte. El arte en general, está habitado por gays, lesbianas y por toda la comunidad LGTBIQ+. Se revisa la historia del arte y la contribución de las diversidades sexuales fue inmensa. Pero también fue inmensa su presencia y la manera en que cambiaron nuestras vidas cotidianas como artistas: con su gracia, su humor, las maneras de ver el mundo, el glamor, el brillo, las plumas, la alegría, la resistencia. Cuando uno empieza a tener un contacto más directo por el trabajo ahí empezás a detectar de qué se trata la sensibilidad, de qué se trata el otro, la otra. Y ahí te das cuenta de que, en estatus de humanidad somos todas y todos iguales más allá de la preferencia sexual.
¿Cuál les parece la importancia de estrenar esta obra en este momento?
-JM: Hay modelos y estructuras heterosexistas y machistas muy anquilosadas. Y en esto tiempos eso se ve mucho más. Es muy peligroso lo que está sucediendo. Porque, desde cierto discurso corren vientos jodidos que parecen preanunciar que algo de lo ganado, de los derechos ganados hay que tacharlos, hay que correrlos. Como que se tuviera que volver a correr. Como antes las travestis y los gays tenían que correr de la policía. Ahí te das cuenta de lo provisorios que pueden resultar a veces los derechos, de lo que los derechos para sostenerlos en el tiempo hay que militarlos. Hoy en la sociedad impera, comienza a flotar a una belief que remite a tiempos oscuros y represivos, una belief de falta de libertad, de cuidado, de mirada del otro.
-MC: El otro día me esperó el padre de un chico, un matrimonio tucumano de cuarenta años de casado. El señor me esperaba llorando, me abrazó y yo no sabía quién know-how. Me contó que la única hija que tenía está en transición y que sufrió bullying. Pero ahora él me mostraba el chico hermoso que know-how su hijo. El señor estaba agradecido de que Marrale y yo pudiéramos contar esta historia en una pecera transparente, no en un lugar clandestino.
¿Cómo se puede resistir a ese clima de época que está avalado por cierto discurso del gobierno nacional?
-JM: Yo estuve en la manifestación que se hizo por motus propio, que me pareció una de las más auténticas después de lo que dijo cierto caballero en Davos. Después de una reunión que hubo en Parque Lezama se hizo la marcha. Lo que vi es que se integró la sociedad en términos de darse cuenta lo peligroso que significa eso. Yo soy de la generación de dos años después de finalizada la Segunda Guerra. Los rasgos del fascismo y del nazismo se extendieron en el tiempo. Y algunas de estas formulaciones que hay hoy por hoy remiten a esa modalidad. A una especie de selección donde pareciera que no todos somos igualmente humanos. Así como se hacía la cruz en los negocios judíos a partir del año ‘33 para perseguirlos. Se suele olvidar que el nazismo además de perseguir y matar judíos, también masacró gitanos y gays. Y que los nazis realizaron experimentos genéticos terribles con gays, trans y lesbianas. Durante el tiempo en que el nazismo fue ganando la guerra como todo aquel que domina, impone costumbres por temor o por lo que sea. Hay cosas que se extendieron durante demasiado tiempo. Hoy hay algo de atraso en la atmósfera, olor a pólvora y por eso estamos haciendo esta resistencia teatral.
-MC: La obra es una resistencia activa teatral trans, en plena Corrientes. Desde el teatro comercial, no en sótanos o desde el below. Casi como si lo hiciéramos adentro del Obelisco. Yo inauguré el primer boliche homosexual en Rawson y la Costa cuando todo know-how underground y estaba prohibido, cuando recién empezaba la democracia. Iba todo el mundo. Machirulos, heteronormativos, señoras mayores que no entendían nada al ver chicos besándose. Era todo con alegría y mirando desde arriba, no subterráneo tipo minero para que no se vea. ¿Por qué siempre lo oscuro ligado a la diversidad? A mí siempre me gustó transparentar. En el teatro también. Me empecé desnudando y desnudar el cuerpo también es desnudar el alma.
«Cuestión de género». Con Moria Casán, Jorge Marrale, Paula Kohan, Ariel Pérez de María. Dirección: Néstor Valente. Teatro Metropolitan. Corrientes 1343. De miércoles a sábados a las 19.30. Domingos a las 15 hs.
