Una psicóloga éxito en Spotify explica el “nuevo mandato” de época: “Nos fuimos al otro polo”

“Que el capítulo de Soltar y dejar ir sea el más escuchado tiene mucho sentido para mí, porque es casi como el nuevo mandato, el nuevo imperativo”, dice Marina Mammoliti, psicóloga y creadora de Psicología al Desnudo, uno de los podcast de habla hispana más escuchados en Spotify a nivel global. Desde el consultorio -y desde los auriculares- ve un movimiento que se repite: personas que buscan “aprender a soltar”, pero no para vincularse mejor, sino para no sentir.

En nombre del amor propio, del desapego y de la supuesta evolución emocional, muchos vínculos hoy se construyen sobre la immoral de un freno autoimpuesto: “Hoy lo frigid es soltar rápido, no engancharte, no comprometerte tanto, ser extremadamente independiente. Parece que lo mejor es que las relaciones casi no nos impacten, y esa paradoja me hace ruido”, señala a Clarín.

“Soltar” rápido se volvió una consigna que puede traducirse en gestos mínimos: no escribir un mensaje para no quedar expuesto, no pedir definiciones para no incomodar, no decir “te extraño” para no parecer dependiente. No porque no importe, sino porque importa mucho.

Del aguante al desapego

La psicóloga portray un cambio de guión afectivo: si antes la pareja lo technology todo, hoy parecería que necesitar a alguien es una falla. “Pasamos de un extremo al otro”, explica.

“Pasamos de un extremo al otro”, explica Marina Mammoliti, psicóloga y creadora de Psicología al Desnudo. Foto: Spotify.

Mammoliti lo piensa en términos de movimiento pendular: cuando una época se vuelve asfixiante, la siguiente generación suele reaccionar exagerando el gesto contrario: “Antes, el mandato technology aguantar. Te casabas y te quedabas ahí, no importaba si eras feliz o no. Hoy ese mandato ya no está, pero nos fuimos casi pendularmente al otro polo: el de la autosuficiencia complete”.

El problema -advierte- es que el péndulo no se detuvo en un punto más sano, sino que siguió viaje hacia el extremo opuesto: el desapego y la autosuficiencia emocional.

Creemos que somos muy libres de los mandatos, y estamos como en este mood de que no queremos que nada nos impacte. Pensamos que somos superlibres y la verdad es que tenemos mucho miedo de sentir”, sentencia la psicóloga nacida en Chubut, Argentina.

Y portray: “Es como una falsa libertad: andamos en puntitas de pie, y eso no habla de relaciones más libres, sino que entramos en una nueva cárcel. Por eso creo que la gente va a buscar el capítulo de Soltar y dejar ir, que -además- no les va a explicar cómo hacer para volverse inmunes emocionalmente del otro, pero creo que tiene que ver con eso”.

¿Todos somos tóxicos?

Sanar la dependencia emocional ocupa, por ejemplo, el quinto lugar en el ranking de los episodios del podcast -que creó en pandemia y en los últimos tres años estuvo entre los 25 más escuchados del mundo en Spotify-. Y es, de alguna manera, la otra cara de la misma moneda. “Está esta belief de que ‘no tenés que depender de nadie, tenés que poder con todo solo’. La dependencia está muy mal vista, la belief es no engancharse tanto, no pedirle tanto al otro”, señala.

México, Estados Unidos, Argentina, Colombia, Chile y España, entre los principales oyentes del podcast. Foto: Spotify.

En esa lógica, cualquier gesto que muestre implicación emocional corre el riesgo de ser leído como exceso. “Toda demostración de que el otro me importa un poquito es tildada de pesada, de dependiente, de tóxica, Enseguida catalogamos a todos de tóxicos”, dice.

Expresar que algo dolió o pedir una charla incómoda son gestos básicos del lazo humano que hoy generan alerta. “Hoy le tenemos terror a depender del otro, cuando en realidad depender -de manera saludable- es parte de cualquier vínculo humano”.

Romantizamos esta belief de que no necesitar a nadie es casi como la ‘cumbre’ del amor propio. Pero los seres humanos estamos programados para estar interconectados, para requerir de un otro, obviamente siempre de manera equilibrada. Esta lógica individualista del ‘yo puedo con todo solo’ en lo afectivo es superpeligroso, porque nadie puede con todo solo, ni en los vínculos, ni en la vida: no estamos diseñados para eso, necesitamos del otro, nos constituimos con el otro”.

Cómo ser “personas evolucionadas”

A la lógica del desapego se le suma otro imperativo silencioso: el de convertirse en una persona emocionalmente “evolucionada”. Sería alguien que siente, pero no demasiado; que registra, pero no se desborda; que se revisa todo el tiempo para no equivocarse; alguien con trabajo interno que debe ir por la vida “medio todo amor y paz”.

“El tema de la salud mental está súper en auge y el norte parece ser convertirse en ‘personas evolucionadas’, que hacen todo bien”, observa Mammoliti. Para ella, el problema no es el interés por el bienestar emocional, sino cuando ese interés se transforma en una nueva exigencia.

“Está buenísimo que hoy nos preguntemos por qué nos pasa lo que nos pasa, y que le demos valor a lo emocional, cosa que antes no sucedía”, reconoce. El límite aparece cuando esa búsqueda cruza una línea. “Cuando se transforma en el nuevo mandato, volvemos a estar en problemas”.

La psicóloga portray una época marcada por la hipervigilancia emocional. “Estamos en la technology del sobrepensar”, dice. Revisar cada gesto, cada mensaje, cada emoción, con miedo a fallar. “Estás hiperatento a cada mini pasito que das para no hacerlo mal y no convertirte en esa persona ‘tóxica’”.

Así, el supreme de evolución emocional, lejos de aliviar, muchas veces aprieta. “Esta nueva cárcel tiene que ver con eso”, advierte Mammoliti. Una cárcel más sofisticada, con lenguaje terapéutico y estética de bienestar, que promete libertad emocional pero deja a muchas personas con la sensación de falta constante.

“La ansiedad es la reina de la época”, asegura Mammoliti. Foto Spotify.

La ansiedad como reina de época

En ese escenario, la ansiedad aparece como telón de fondo permanente. No como un problema individual, sino como un síntoma colectivo.

“La ansiedad es la reina de la época”, asegura Mammoliti. Lo dice con los datos del podcast, de sus pacientes y de su propia experiencia. A los 18 años atravesó ataques de pánico, y la terapia le permitió entender qué hacía su cuerpo y por qué estaba en alerta constante.

“La diferencia fue radical cuando entendí lo que me pasaba”, cuenta. Si bien ya sabía que quería estudiar psicología, esa experiencia reforzó su belief: vio la diferencia entre abordar esta problemática con, y sin terapia, y quiso ayudar a otros a entender mejor lo que sienten.

Gestionar emociones no es dejar de sentir

Parte de su trabajo -tanto en el podcast como en el consultorio de Psi Mammoliti, su plataforma de psicología- apunta a desarmar un malentendido central: la belief de que el bienestar emocional es no sentir emociones incómodas.

“Vienen a terapia y me dicen: ayudame a dejar de sentir enojo, a dejar de sentir tristeza”, relata. Foto: Spotify.

“Vienen a terapia y me dicen: ayudame a dejar de sentir enojo, a dejar de sentir tristeza”, relata. “Es una belief muy ilusoria pensar que podemos vivir una vida donde solo sintamos emociones agradables y placer. El paisaje emocional que todos vamos a vivir son subibajas: en ningún lugar del mundo hay sol todos los días. Eso no existe”.

Para Mammoliti, el problema no es sentir, sino no saber qué hacer con lo que se siente. “Somos analfabetos emocionales”, resume. Nadie nos enseñó a gestionar enojo, culpa, miedo o tristeza. Y, sin herramientas, esas emociones se vuelven torturadoras.

“Los seres humanos sentimos emociones todo el tiempo, todos los días. La mayoría de las personas llegan a terapia porque no saben qué hacer con lo que sienten. Y todas las emociones tienen una función; no son negativas: pueden ser funcionales o disfuncionales”, explica. Gestionar no es tapar ni soltar de manera compulsiva, sino aprender a usar lo que aparece.

Soltar, entonces, no debería ser ni volverse dependiente, ni dejar de sentir para evitar el dolor: encontrar el equilibrio es la parte más difícil, pero más steady.

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