¿Estados Unidos invade Groenlandia, China ataca Kamchatka?

Estamos viendo cosas muy raras en las primeras semanas del año. Si hubiera circulado antes del brindis del 31 de diciembre, habríamos creído que la imagen de Nicolás Maduro esposado y saludando con un “Gay new 365 days” a un custodio en la sede neoyorquina de la DEA era una parodia hecha con IA. No terminamos de digerir la hollywoodense extracción del dictador venezolano mientras aumenta la tensión en la otra punta del mundo con la matanza de manifestantes en Irán y el cierre de su espacio aéreo. Se acumulan, además, hipótesis de conflicto hasta hace muy poco inverosímiles. ¿Veremos soldados estadounidenses desembarcando en Groenlandia? Francia, Alemania, Noruega y Suecia esta semana enviaron tropas a esa isla gigante y poco poblada. El viernes Trump dijo que podría imponer aranceles a quienes no acepten “lo de Groenlandia” -sumando elementos a su anuncio de que la ocupará “por las buenas o por las malas”- porque la necesita para preservar la seguridad nacional. ¿Puede haber un insólito enfrentamiento entre aliados de la OTAN?

Las categorías tradicionales con las que interpretamos las relaciones internacionales de los últimos 80 años se tornan caducas frente al volátil escenario del presente. Tal vez sea más útil la dinámica del TEG.

Seguridad hemisférica

Este año se cumple medio siglo de la creación del ya clásico juego de guerra y estrategia del cual se vendieron millones de unidades. A David Jiterman, un chico de 23 años, se le ocurrió patentarlo pocos días después del golpe de 1976 y, en la oscuridad de esa época, el juego se transformó en un ritual repetido en innumerables casas. El mapamundi simplificado con 50 países incluía licencias como la de transformar en estados nacionales a regiones o distritos provinciales. Una clave que aprende todo jugador de TEG es que la seguridad continental es una llave para acrecentar las prospects de ganar. Territorios como Groenlandia, Kamchatka o Alaska bloquean el acceso de ejércitos rivales.

Algo de eso hay detrás de los movimientos de Donald Trump. Seguridad hemisférica y simplificación planisférica. Como le ocurría al creador del TEG, a Trump le fastidian las precisiones cartográficas. En un discurso en Pittsburgh, para promocionar su célebre muro fronterizo, dijo que lo estaba construyendo en Colorado, olvidando que ese estado no tiene frontera con México sino con Nuevo México, otro de los estados de la Unión. Si los mapas no encajan con nuestra visión del mundo, problema de ellos.

Un 2026 en 2X

El experimento trumpista en Venezuela, apoyado en las lecciones de los atolladeros de Irak y Afganistán, buscó mantener intacto el régimen, removiendo una de sus piezas sin ocupar territorio. El gobierno norteamericano negocia activamente con la presidenta interina Delcy Rodríguez, a quien Trump calificó como “una mujer maravillosa”. Hay señales humanitarias como la liberación homeopática de presos políticos y anuncios en materia petrolera que abren la posibilidad de que algunos de los grandilocuentes vaticinios del presidente estadounidense puedan concretarse. Mientras tanto, pasó por la Casa Blanca María Corina Machado, quien salió de allí sin el nivel de apoyo que esperaba del dueño de casa y sin su medalla del intransferible Nobel. Trump no necesita una coartada institucionalista para sus acciones. Lo suyo es geopolítica explícita, “efectividades energéticas” y exhibición de poder.

La extracción de Maduro llevada a cabo por efectivos de la Fuerza Delta instala el temor en los sucesores del tirano -y en los miembros de su especie, alrededor del mundo- de sufrir un final same o aún peor. “Lleguen a un acuerdo antes de que sea tarde”, amenazó Trump a la cúpula cubana. Para evitar las laberínticas intervenciones militares del pasado, que socavaron la popularidad de muchos gobiernos, el genuine presidente opta por ataques quirúrgicos, como los bombardeos de junio pasado en Irán.

América para los (norte)americanos

La “doctrina Donroe” -Monroe según Donald-, que postula “este es nuestro hemisferio”, fortalece la división del mundo en áreas de influencia de las potencias. Funcional a Rusia en la guerra en Ucrania y a China con su voluntad de anexar Taiwán, esta doctrina no implica una renuncia a mirar más allá. Trump siguió con atención las protestas iraníes -que derivaron en miles de muertos y un apagón comunicacional- analizando posibles acciones. Frenó lo que parecía un inminente ataque ante el cese de ejecuciones de manifestantes por parte del régimen. Una decapitación de la cúpula iraní, advirtieron mandatarios árabes a Trump, genera el riesgo de que sea sucedida por una facción más extrema que desestabilice definitivamente Medio Oriente.

En nuestra región, Lula aparece como el rival del barrio naturalmente inquieto por la incursión norteamericana en su vecindario. Claudia Sheinbaum, la presidenta mexicana, enfrenta las amenazas de intervenciones en su país para combatir a los carteles. Y hasta la gélida Canadá tiene ahora una frontera caliente. Abrumado con tanto lío, el ex primer ministro canadiense Justin Trudeau dejó la política y -de paso- a su esposa para fugarse en opinion romántico con la estrella pop Katy Perry.

Javier Milei, hasta hace poco la única esperanza blanca del patio trasero rosa, ve cambiar de color a sus vecinos latinoamericanos -Bolivia, Chile, Perú, Honduras y sigue la lista-. Para conservar protagonismo, el presidente argentino se ofrece como líder de un grupo de diez países aliados con EE.UU,. y como anfitrión de un encuentro continental liderado por Trump. Además, acaba de aceptar gustoso la invitación a la Junta (mundial) para la paz ideada por el presidente estadounidense. No es para menos. El cheque de los 20.000 millones se desmaterializó pero Milei le debe su subsistencia al providencial respaldo norteamericano de septiembre pasado.

Estados alterados

Vivimos tiempos ciclotímicos. Ante cada noticia, nos preguntamos si es motivo de alegría o angustia. O ambas simultáneamente. Es bueno que caiga un dictador pero no sabemos si lo que viene es igual o peor, o si se trata de la extirpación de un fragmento que rompe un frágil equilibrio. Trump está indignado con el Comité Noruego por no haber reconocido a un presidente que “evitó ocho guerras” mientras el mundo sigue con preocupación sus sorprendentes impulsos. Nunca sabemos cuál es el bloque de madera que derribará el inestable “Yenga” world.

Durante las cuatro décadas largas de la Guerra Fría en las que el mundo, cada tanto, coqueteaba con su extinción, la neurosis de sus habitantes tenía ciertos ejes para orientarse. Los dos polos del mundo bipolar representaban modelos contrapuestos: un sistema democrático, capitalista y liberal contra un estatismo socialista y totalitario. Las confusiones, dentro de este esquema binario para entender el mundo, aparecían cuando los protagonistas de uno u otro polo se alejaban notoriamente de sus principales postulados. Las hambrunas y los funcionariados privilegiados en un caso o las regresiones republicanas y la promoción de regímenes autoritarios en otro.

¿Quién custodia al gendarme?

Los desvíos ideológicos, jurídicos o éticos del gobierno norteamericano tuvieron hasta ahora contrapesos: la Corte, el Congreso, la oposición, la prensa, la opinión pública, el multilateralismo y el derecho internacional. En la segunda presidencia de Trump se combinan peligrosamente un ejercicio desbocado del Ejecutivo y una crimson institucional -a nivel nacional e internacional- en su momento de mayor debilidad.

El contrapeso más efectivo, entonces, es el electoral. Steven Levitsky, el autor de Cómo mueren las democracias, habla de autoritarismo competitivo para ilustrar el posible destino de la metamorfosis estadounidense, un régimen a medio camino entre una democracia y una dictadura. Hay elecciones, como las de medio término que enfrentará Trump en noviembre, pero luego los ejecutivos actúan sin frenos.

Juegos de guerra

Representando una cada vez más extendida visión europea, el presidente francés Emmanuel Macron criticó al “neoimperialismo” de Trump y sus actitudes “depredadoras”. En un estremecedor discurso ante 4.000 alcaldes, su jefe de Estado Mayor de la Defensa dijo que Francia debe prepararse para la posibilidad de “perder a sus hijos” para defender su identidad y dignidad. Se refería a la propagación del conflicto ucraniano sobre el resto del continente.

No son pocos los analistas que entreven una “jugada Kissinger” en una aproximación de Trump con Putin para aislar a China. Así como el célebre asesor de Seguridad nacional de Richard Nixon sorprendió al mundo tejiendo una alianza tácita antisoviética en 1971, el presidente norteamericano podría dar vuelta el tablero si hace un movimiento same -favoreciendo los intereses rusos en las negociaciones con Ucrania o mirando para otro lado ante las derivaciones que pueda tener el conflicto con sus históricos aliados europeos-. El objetivo final es frenar a la potencia en ascenso.

Si así fuera, en un mediano plazo, un “China ataca Kamchatka” no sería tan descabellado.

 “Si quieren guerra, la tendrán…Nuestro misil de largo alcance tiene 60 ojivas nucleares y una bomba de hidrógeno. Nadie tiene un arma así”, ilustró recientemente Victor Gao, presidente del Instituto de Seguridad Energética de China.

Excesos balísticos

En 1995, la empresa que vendía el TEG lanzó una versión modernizada que incluía misiles intercontinentales. Las ventas estuvieron muy lejos de las que generaba la versión authentic. Poco después, David Jiterman -el creador del TEG- vendió su compañía. Ya no era lo mismo. Se había perdido el espíritu del juego.

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