En un escenario político atravesado por reacomodamientos, tensiones internas y desafíos hacia adelante, Miguel Siciliano emerge como una de las figuras con mejor imagen y mayor capacidad de diálogo dentro del oficialismo cordobés. Con trayectoria, volumen político y vínculos transversales, su nombre vuelve a ganar centralidad en la estrategia que impulsa el gobernador Martín Llaryora.
Siciliano construyó su perfil lejos de la estridencia. A lo largo de los años logró consolidar relaciones fluidas con el sector empresarial, el sindicalismo y los distintos espacios políticos, una cualidad que hoy vuelve a ser valorada en un contexto donde la política requiere puentes más que confrontaciones. Esa capacidad de diálogo explica, en buena medida, por qué Llaryora lo considera su principal armador político.
Recientemente electo como diputado nacional, Siciliano fue rápidamente convocado por el gobernador para asumir un rol ejecutivo clave dentro del gabinete provincial. El movimiento no pasó desapercibido: lejos de una lógica de acumulación de cargos, la decisión respondió a una necesidad política concreta. Llaryora entiende que el momento exige orden, estrategia y presencia territorial, y allí Siciliano aparece como una pieza central.
La reconfiguración no se limita al plano provincial. Córdoba enfrenta el desafío de recomponer una estrategia política con proyección nacional, recuperar iniciativa y volver a marcar agenda. En ese proceso, la figura de Siciliano opera como un engranaje que articula gestión, política y diálogo con actores clave, incluidos sectores sindicales y productivos que hoy buscan certezas frente a un escenario económico y social complejo.
En el plano local, la situación de la ciudad de Córdoba también pesa en el análisis. La gestión del intendente Daniel Passerini no logró despegar ni consolidar un liderazgo propio, lo que derivó en una pérdida de centralidad dentro del esquema político que conduce Llaryora. Ese corrimiento del mapa político municipal refuerza la necesidad de un nuevo ordenamiento, donde el control político de la capital vuelve a ser un objetivo estratégico.
Siciliano aparece, entonces, como el encargado de ayudar a recomponer ese equilibrio: ordenar la tropa, recuperar liderazgo político y transmitir un rumbo claro al electorado cordobés. Su presencia en espacios de diálogo nacionales, su capacidad para sentarse con actores diversos y su lectura del momento político lo posicionan como una figura clave en la etapa que se abre.
Mientras el escenario nacional sigue marcado por la fuerte impronta del presidente Javier Milei, Córdoba busca rearmar su identidad política y recuperar protagonismo. En ese camino, Miguel Siciliano se consolida como algo más que un funcionario: es el operador político elegido para intentar ordenar, articular y volver a proyectar el liderazgo cordobés, tanto dentro como fuera de la provincia.
