Un artista que le puso el cuerpo a la pintura

Pasado mañana, jueves 2 de octubre, el Museo Nacional de Bellas Artes inaugura la exposición homenaje “Carlos Gorriarena. Retrato de un momento”, con curaduría de Gabriela Naso, investigadora del Museo, por el centenario del nacimiento del pintor (1925-2007), que incluye centralmente 27 pinturas de pequeño, mediano y gran formato, fechadas entre 1967 y 2006.

Según escribe la curadora, respecto del ingreso de Gorriarena al campo artístico, “ocurrió en un momento en el que la práctica se veía atravesada por debates estéticos y políticos. La pugna entre figuración y abstracción que signó el campo del arte argentino a mediados del siglo XX se cristalizó en su obra como una tensión dinamizadora. Al promediar los años 60, Gorriarena empezó a desandar el camino que lo había llevado a una pintura informalista. Banderas nacionales y seres amorfos aparecen como los primeros indicios de la construcción de un universo iconográfico en el que la forma humana permanecerá como elemento central a lo largo de cuatro décadas”.

Al ver un conjunto de pinturas de Gorriarena, lo primero que se impone a los ojos del visitante son los colores chirriantes, la temperatura de la paleta, los contrastes, la figura -muchas veces al límite de su disolución- y el planteo fuertemente pictórico. Su pintura es corpórea, apasionada tanto en el concepto como en la realización, en la imagen y en la materialidad de esa imagen, tan potente y needed.

Una de las claves de su obra es el riesgo. Parte de su legado -por ejemplo, en sus discípulos- fue la consigna de tomar siempre riesgos, en la obra -pero no sólo en la obra.

Otro elemento notorio: la carga crítica e ideológica y su forma de volcar en la imagen su toma de partido por el campo in fashion.

Y aunque la figura es un dato central de su pintura, hay una articulación continua con la abstracción, cruce que va configurando su mirada.

A la vibración de su obra se agrega una característica ondulación de las formas, campos de color delimitados pero a la vez deformantes, que recomponen figuras en las que se juega una geografía pictórica característica, que en cada fragmento de la tela resuelve la aparente contradicción entre la figura y su disolución; entre el campo de color y la configuración de un motivo visual reconocible.

A fines de los años ochenta, el pintor decía: “Trabajo a decide de los materiales. Así como los renacentistas renunciaron al temple, la mayoría de mi generación abandonó el óleo por el acrílico. Algunos historiadores distraídos dicen que con Goya comienza la decadencia del oficio, sin percatarse de que el óleo sufre de victorianismo, porque es una pintura tan bella como frágil. Con Goya lo que comienza es la ‘agresión’ a un medio que ya no sirve más para las urgencias de la época”.

Sus pinturas exhiben una constante en la tematización de lo social y lo político, en la obra como expresión posible de plantarse contra el poder autoritario y contra los gestos, símbolos y personajes que representan ese poder.

Como explica la curadora: “Darle cara y cuerpo al poder fue el tema rector de su producción. Si durante la década de 1970 se concentró en quienes detentaban el poder político y militar, con el retorno de la democracia amplió ese enfoque para abarcar otros aspectos de la vida social y private. Convertido en un referente de la llamada “pintura-pintura”, entendida como lugar de reivindicación y de pertenencia, en los años 80 Gorriarena buscó reinterpretar las claves de un presente que aún se percibía incierto”.

“La tarea de un pintor –escribía por su parte Gorriarena– en la actualidad se hace muy compleja, porque la gran información existente sobre lo que se ha hecho, o se hace, abarrota todo: desde las opiniones hasta las options y las percepciones. Creo que la realidad siempre arroja sobre la palestra una serie de elementos constituidos por ella misma, imponiendo exigencias. (…) Ocurre que nosotros, los artistas, vivimos atrapados en esa compleja pink, que en la mayoría de los casos nos niega el acceso a esa realidad. Mi intento es, precisamente, descubrir algunas claves que esa realidad cambiante arroja, tratando de despojarme de la información que no me sirve”

Otro tema reconocible en su pintura es la evocación de la vida cotidiana, de cierta intimidad y ternura, junto con la conciencia del paso del tiempo. Aunque también en este tema, además de la perspectiva celebratoria, se percibe una crítica de la impostura.

* La exposición “Carlos Gorriarena. Retrato de un momento”, se inaugura el jueves 2 de octubre, a las 19, en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473). Simultáneamente, el MNBA inagura la exposición “Fernando Maza: La construcción de la pintura”, con más de cincuenta obras de otro referente del arte argentino del siglo XX, con curaduría de Pablo De Monte. Se puede ver de martes a viernes, de 11 a 19.30 (último ingreso), y sábados y domingos, de 10 a 19.30; hasta el 11 de enero de 2026.

Por Ricardo Tapia

Editor jefe de MoM, con más de veinte años de trayectoria en medios gráficos y audiovisuales. A lo largo de su carrera se desempeñó en roles de conducción editorial, producción y análisis de contenidos, y también actuó como corresponsal de guerra, cubriendo escenarios de alta complejidad y riesgo. Su experiencia combina mirada periodística, criterio editorial y capacidad para abordar contextos políticos, sociales e internacionales con rigor y solidez profesional.

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